Ella era rara, o al menos todo el mundo la definía con aquel adjetivo: “rara.”
Todos creían que llevaba una vida muy solitaria, y si bien eso era cierto, ella no lo sentía así. Tenía la mejor compañía que cualquiera pudiera pedir: sus libros y su gato.
Los libros que sin tener que pagar ningún pasaje la transportaban a otros mundos increíblemente maravillosos y Berto, su gato, la única compañía que necesitaba.
Su vida se pasaba en medio de libros, tazas de café y Berto. Ese era su mundo, su habitación, su espacio, su manera de ser.
Del otro lado de la puerta de su habitación vivían sus padres, con quienes tenía una buena relación, pero era bastante reservada. Ahora que estaba en vacaciones de invierno era real que no hacia otra cosa que leer. En su habitación los libros llegaban hasta el techo.
17 años. Último año del secundario.
Había tenido una relación de casi ocho meses con un compañero de la escuela, pero con esa relación notó que si para algo no servía era para eso: para relacionarse con la gente.
Era reservada, callada, tímida y no soportaba que alguien estuviera atrás de ella. Lo sentía como un control. Sabía que no tenía el “don” de establecer relaciones duraderas de ningún tipo de vínculo, por eso vivía entre libros.
Aunque no lo admitía, soñaba con enamorarse, pero sabía que los personajes de los libros eran solo eso: personajes de ficción.
Eran las doce y media de la noche y le parecía muy extraño que Berto no hubiese vuelto. Era un gato que durante el día callejeaba bastante, pero a la noche siempre descansaba en los pies de la cama de su dueña.
Salió a buscarlo con miedo a que le haya pasado algo. Caminó hasta la esquina y allí vio a un chico con su gato en brazos.
- ¿Es tuyo, no?
- Sí. –Dijo tomando a su gato en brazos.- Gracias, lo estaba buscando.
- Se quedó atrapado en una planta de mi patio, pero creo que no se hizo nada.
- Gracias. –Repitió.-
Él la veía pasar a ella todos los días, le parecía una chica demasiado bonita, pero aún así no se animaba a nada. Incluso esta era la primera vez que estaban hablando.
- No es nada, supuse que era el tuyo.
- ¿Por qué? –Preguntó extrañada ella.-
- Porque siempre te veo salir de tu casa a la mañana, y el gato sale con vos. Es que paso por en frente y bueno.
- Ah…
Ella nunca se había percatado de la presencia de él.
- Bueno, muchas gracias. –Dijo y le dio un beso a su gato.-
- Nada que agradecer.
- Me voy porque ya es tarde para andar por la calle.
- La verdad es que sí. Un gusto.
- Igualmente.
Él se animó a saludarla y luego la vio irse. Se quedó parado allí hasta que ella ingresó en su casa. Luego, continuó su camino hasta la suya.
Se cambió para dormir y se metió en su cama. No podía dejar de pensar en aquella corta conversación, de verdad su voz lo había enloquecido. Sabía que no era una chica como todo el resto, no aparentaba serlo, claramente no.
Ella volvió a su casa y luego de servirle leche a su gato, se puso su pijama y se preparó una taza de café.
Otra madrugada sumergida en medio de aquella saga que tan expectante la tenía.
Cuando el reloj marcó las cinco de la madrugada, se levantó de su cama para dejar sobre la biblioteca su libro y lavarse los dientes. Abrió su cama y se metió allí, cerró sus ojos y su gato se acercó a ella. Sonrió y dejó que se acomodara a su lado. Volvió a cerrar sus ojos y algo muy extraño sintió en su cuerpo. De un segundo al otro volvió a recordar a aquel chico que le había devuelto a su gato.
Hacia demasiado tiempo no se sentía atraída por un chico y no sabía muy bien si lo que sentía en ese momento era atracción, pero sí era real que hacia días había un pensamiento que siempre que podía volvía a su cabeza: recordaba a su novio, más precisamente a ella junto a su ex novio en la cama. Le quería atribuir aquel pensamiento a que estaba leyendo la saga de 50 sombras de Grey, pero algo sentía raro. Nunca había sido una chica desesperada por tener sexo, incluso lo había hecho con su novio solo para darle el gusto a él. Lo disfrutaba, pero tampoco para tanto.
Notó que no era solo un pensamiento aislado cuando al despertarse soñó estar con un chico (no recordaba quién). Confirmó aún más que no era un capricho cuando notó su ropa interior húmeda.
¡Fuck! Pensó para sus adentros. Esa saga le estaba haciendo demasiado mal. No podía evitar imaginar cada una de las situaciones que sucedían en aquellos libros. Y lo peor es que no lo imaginaba en personajes, lo imaginaba en ella con alguien más.
Estaba sola en su habitación (y en su casa), nunca había entendido por qué con su novio no había podido sentir tanto como lo que leía en los libros o en Internet. Quizás era que él no sabía hacerlo, o quizás que su cuerpo no estaba preparado.
Siempre se había preguntado eso, y siempre era un tema que la había atormentado.
Sin pensarlo demasiado, se quitó el pantalón del pijama y luego la ropa interior. Había leído en Internet que conocerse era una buena manera para acceder de una manera mejor al placer, aunque no le pareció demasiado genial hacerlo.
Se bañó, comió algo y salió de su casa. Necesitaba caminar un poco, poner su cabeza en blanco. Terminó sentada en una plaza, mirando a la gente pasar. Alguien se sentó a su lado y después de un rato, notó que era el mismo chico de la noche anterior.
- ¿Estás bien? –Le preguntó.-
- Sí. ¿Por?
- No sé, estás acá sola y…
- Estoy bien, no te preocupes.
- Mmm… Bueno.
Pasaron varios segundos en silencio hasta que él volvió su vista a ella.
- ¿Te puedo invitar un café o tenes algo que hacer?
- Si queres...
- Por algo te invito.
Ambos rieron.
- Tenes razón. ¿Vamos en frente?
- Dale.
Cruzaron la calle e ingresaron en el bar que había en frente. Se pidieron unos Lattes de chocolate y un alfajor cada uno. Ella de dulce de leche. Él de fruta.
Merendaron casi en silencio, en realidad él intentaba sacar algún tema de charla y ella le respondía sin demasiado entusiasmo.
- ¿Estás bien? -Le preguntó él.-
- No, perdón.
- ¿Puedo ayudarte en algo?
- No, no importa.
- Quizás sí importe.
- No te conozco.
- En eso tenes razón, pero si puedo ayudarte en algo.
Ella pidió la cuenta y sin decir más, salieron. Caminaron juntos hasta la cuadra donde vivían y primero llegaron a la casa de ella.
- ¿Queres pasar? Mis viejos no están.
- Si no es molestia.
- No, veni. Pasa.
Aunque quería negarlo, ella sabía con qué intenciones lo estaba invitando. Ingresaron en la casa de ella y directamente fueron a su habitación.
- Sí, hay muchos libros. -Dijo ella riendo.-
Él miraba todos los títulos fascinado.
- Leí la gran mayoría de todos estos.
- ¿Te gusta leer? -Le preguntó sorprendida.-
- Sí, paso demasiadas horas haciéndolo.
-Ella rio.- Es difícil encontrar gente así.
- ¿Decís?
- En la vida digamos, en internet hay muchas comunidades, yo estoy en una comunidad.
- ¿En cuál?
- Goodreaders. ¿Por?
-Rio.- ¿Cómo es tu usuario?
- Shittygirl.
-Volvió a reír.- Soy defectiveboy.
- ¿Me estás jodiendo? -Preguntó riendo.-
Sin saberlo vivían en la misma manzana. Había pasando madrugadas enteras chateando en aquella comunidad. No se conocían las caras, pero si se conocían bastante.
Ninguno hubiese imaginado así al otro.
Sus miradas hablaban, sus cuerpos se deseaban. Así, sin más.
Él sin mucho pensar, se acercó a ella y la tomó por la cintura para besarla y hacerla caminar hasta la pared y trabarla contra ella.
- Sinceramente, nunca creí que la chica hermosa que veía salir de su casa todas las noches iba a ser la misma con la que hablé tantas madrugadas.
- Y yo nunca creí que el chico con el que tanto hablé iba a ser tan hermoso.
Los dos volvieron a besarse y ella se separó un poco de él.
- ¿Te acordas que una vez te conté mi fantasía? -Le preguntó.-
- Sí.
- ¿Me la cumplís? -Preguntó sonriendo pícaramente.-
Y no hizo falta una respuesta hablada de él, le respondió besándola y aprisionándola más contra su cuerpo.
Ella quería ser Anastasia, quería que él sea su Grey, al menos por esa noche.
-
Cortito que no sé muy bien de donde salió porque ni siquiera leí esos libros... Jajaj! Aún así, espero que les guste ☺