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viernes, 29 de enero de 2016

No me olvides VI.


Paula estaba a mi lado hecha un bollito, envuelta en una sábana y con sus ojos cerrados. Mis dedos jugaban con su pelo y hacia rato estábamos en silencio.

- ¿Venís más cerquita?

Pau sonrió y se acercó a mí, hice que se recostara sobre mi pecho, acomodé la sábana y la abracé por los hombros.

- ¿Qué hora es? –Preguntó.-
- No pienses en eso.
- No quiero irme.
- Mmm… El viaje de egresados en algún momento se termina.
- No, no es por eso. Es por vos. –Dijo abrazándome por la cintura.-
-Besé su frente.- Nos queda un rato todavía.
- ¿Cuánto?
- Eso no importa.

Ella suspiró y besó mi pecho.

- La pasé muy bien con vos. –Dijo mirándome.-
- Y yo con vos. –Nos besamos y nos sonreímos.- Quedate, no te muevas.

Pau se acomodó nuevamente sobre mí y suspiró.

- Pasa que no quiero dormirme.
- ¿Por qué?
- Porque no quiero perderme un solo segundo de los que nos queden juntos.
- Sos muy linda. –La abracé más fuerte.-
- Vos sos lindo… Ojala nunca me olvide de esta noche, ni de tu olor.

Acaricié su espalda por debajo de la sábana y ella sonrió.

- Hablemos de algo lindo.
- ¿De qué?
- Mmm… -Hice una pausa.- No sé, de lo que quieras.
- Estar con vos quiero.
- Y acá estamos.
- No me sueltes, al menos por esta noche.

La abracé más fuerte y giré para quedar sobre ella y poder besarla.

- Deja de pensar en el después. –Le dije.-
- Me cuesta un poco.
- Disfrutemos de lo que queda de esta noche.
- ¿Con cuántas minitas hiciste esto?
- Te juro que sos la única.
- Mmm…
- En serio.
- Bueno, te creo. –Rio.-
- Así me gusta.

Reímos y nos besamos. Quedamos acostados, frente a frente. Yo corrí el pelo de su cara y ella me sonrió.

Paula buscó su celular y puso la cámara frontal. Nos sacamos varias fotos y luego, dejó el celular a un lado.

- ¿En dónde vivís? –Le pregunté.-
- Capital. ¿Vos?
-Sonreí.- Capital.

Reímos cómplices y volvimos a besarnos.

- Ya vi la hora en el celular, son las 4.
- Nos quedan tres horas.
- Mmm… -Me besó.- ¿Y qué vamos a hacer?
- No sé, lo que quieras.
- ¿Podemos subir a ver el amanecer en la terraza?
- ¿Queres?
- Por favor.
- Vamos entonces.

Nos cambiamos y subimos algunas mantas ya que hacia mucho frío. Nos envolvimos en aquellas y nos sentamos contra una pared, en realidad yo contra la pared y Paula entre mis piernas, con su espalda en mi torso. Mis manos la abrazaron por el abdomen y besé su cuello.

- Ay, siempre quise hacer esto.
- ¿Qué cosa?
- Ver el amanecer con un chico que me guste mucho.
- ¿Y yo te gusto?
- No, me encantas.

Yo sonreí y besé su mejilla. Nos quedamos viendo el amanecer juntos, mimándonos y luego bajé a comprar unos cafés y unas galletitas.

Desayunamos juntos, en la terraza.

- Creo que hace frío. –Dijo tomando el café.-
- ¿Crees? –Reí.-
- Hace, muchísimo.

Reímos.

- Te tomas el café y venís para acá así te doy calor humano.
-Rio.- Bueno, te tomo la palabra eh.

Desayunamos, tiramos las cosas en un tacho y ella se acurrucó en mí.

- ¿Ahora qué hora es?
- Nos queda un ratito para estar juntos, deja de hacerte problema.
-Rio.- Bueno, perdón.
-Besé su frente.- Disfruta mejor.
- ¿Puedo disfrutar chapándote?
- Mmm… Creo que no hay mejor manera.

Pau se sentó derecha y besó dulcemente mis labios.

- Estás helada. –Dije riendo.-
- Tengo frío. –Rio.-
- A ver…

Acomodé su manta sobre sus hombros y la abracé por el cuello para volver a besarla.

- Igual, no conocía la nieve y fue lindo.
- ¿Y conocerme a mí?
- Lo mejor de mi viaje de egresados.

Nos besamos y me tiré sobre ella, haciendo que caiga cuidadosamente en el suelo.

- De verdad que no quiero irme. –Suspiró.-

Me acomodé con mi cabeza en su pecho y la abracé por la cintura. Ella me abrazó por el cuello.

- Es hora de que bajes Pau.
- No, no quiero. –Dijo aferrándose a mí.-
- Dale, no vas a llegar.
- No quiero. –Repitió.-

Yo suspiré, me levanté y le dí las manos para que se levantara. La besé tomándola por sus mejillas.

- No llores, hey. –Dije al ver sus ojos llenos de lágrimas.-
- Es que… -Suspiró.- Ya sé que voy a sonar a chamuyera, pero me siento bien cuando estoy con vos.
-La besé.- Pero, no llores porque me va a costar dejarte.
- Venite conmigo.
-Rio.- Ojala pudiera.
- ¿Cuándo volves a Capital?
- En 20 días.
- Es mucho.
- Dame tu celular. –Dije queriendo sacárselo de la mano.-
- ¿Para qué?
- Vos damelo.

Me dio su celular y agendé mi número.

- Para que me hables cuando quieras.
-Sonrió.- Está bien.

Nos besamos y nos abrazamos.

- Dale, anda Pau.
- Ahora voy.
- Vas a llegar tarde.
- ¡Mejor! Me quedo con vos.
-Reí.- Dale linda.
- No te olvides de mí.

Me separé un poco de ella y la besé.

- Imposible que me olvide de vos.

Nos sonreímos, volvimos a besarnos y nos abrazamos otra vez.

- ¿De verdad nos vamos a volver a ver? –Me preguntó.-
- No soportaría no verte otra vez. –Respondí en su oído.-
- No me olvides.

Se separó un poco de mí, me dio un último beso y se fue.

- Ojala volvamos a vernos linda. –Dije suspirando y viendo como se iba.-

jueves, 28 de enero de 2016

No me olvides V.


Era la última noche de nuestro viaje de egresados y la cena de velas ya había terminado, ahora tocaba la última noche de boliche.

- Te espero en la terraza. –Dijo en mi oído y desapareció.-

¿Terraza Pedro? ¿Con este frío? ¡Uff!

Subí por el ascensor y salí a la terraza.

- ¡Hace frío acá Pedro! –Dije quejándome.-
- No vamos a pasar la noche acá, tranquila. –Me besó.-
- ¿Eso quiere decir que vamos a pasar la noche juntos?
- Salvo que te niegues.
- Mmm… No, ni loca.

Sonreímos y nos besamos. Pedro me abrazó contra su pecho y frotó mi espalda. Besó mi frente y yo cerré mis ojos.

- ¿De verdad me dejas que te regale tu última noche en Bariloche?
- No podría pasarla de mejor manera.
- ¿Se te pasó el enojo?
-Sí. –Rio.-
- Entonces veni.

Me tomó de la mano y salimos juntos rumbo a quien sabe donde, estábamos en el hotel. Bajamos por el ascensor y frenamos en el subsuelo.

- ¿Qué hay acá Pedro?
- ¿Podes tener un poco de paciencia?
-Reí.- Está bien.

Seguí caminando detrás de él, con nuestras manos unidas e ingresamos en una habitación.

- ¿Hay habitaciones acá abajo? –Pregunté riendo.-
- No voy a develarte mis secretos, solo tenes que saber que sos a la primera chica que traigo acá. -Sonreí.- Veni…

Me dirigió hacia la cama y nos arrodillamos frente a frente. Pedro sirvió dos copas de champagne y me ofreció una, luego agarró una caja de chocolates y me dio uno en la boca.

- ¿Brindamos? –Propuso.-
- ¿Por qué queres brindar?
- Porque volvamos a vernos…
- Mmm… Sí, comparto ese brindis.

Chocamos nuestras copas y cada uno tomó un sorbo.

Nos terminamos el champagne y los chocolates, mientras seguíamos allí, arrodillados frente a frente.

El lugar estaba iluminado con unas luces muy tenues y al costado derecho de la cama había una chimenea de leña, realmente era un lugar que parecía de cuentos de hadas.

Pedro me tomó por las mejillas y me besó muy dulcemente.

- Creo que vos y yo nos debemos algo. –Me dijo.-
- Ah… ¿Sí? ¿Qué cosa? –Pregunté haciéndome la tonta.-
- ¿Tengo que refrescarte la memoria?
- Mmm… Me parece que sí.

Bajó con besos por mi cara hasta instalarse en mi cuello y sentí su lengua acariciarme suavemente.

- ¿Estoy reactivando la memoria? –Preguntó y mordió mi oreja.-
- Mmm… Creo que sí.

Él cayó sobre mí y yo acomodé mis piernas para quedar recostada, me besó y yo comencé a desabrochar uno a uno los broches de su camisa, metí mi mano por sus hombros y los acaricié con mis dedos. Sus labios seguían divirtiéndose con los míos y yo me separé un poco de él.

- Me gustas de verdad. –Confesé.-
- Y vos a mí Paula.
- No quiero que sea solo una noche. –Dije mirándolo a los ojos.-
- Ahora disfrutemos de esto, pero te prometo que no va a ser la única noche.

Volvió a besarme y yo quité su camisa, dejándola a un lado. Mis dedos comenzaron a bajar y subir por su columna incansables veces, mientras su boca seguía sobre la mía y su lengua encontrándose en el camino con la mía.

Sentí sus dientes morder con fuerza mi labio inferior y me quejé, clavé mis uñas en su espalda y ahora se quejó él.

-Reí.- Hacete cargo de las consecuencias.
-Rio.- De todo lo que quieras.

Acarició los costados de mi cintura con sus dedos y comenzó a deslizar mi remera, hasta que terminó quitándola. Quise bajar mis brazos, pero no me dejó. Sostuvo mis muñecas arriba y me besó.

- ¿Qué queres? –Pregunté riendo.-
- Que disfrutes, no bajes las manos.
- Mmm…
- Te mereces que te haga sentir bien después de haberte dejado como te dejé.
- Eso ya pasó.
- Igual. ¿Me dejas?

Y era obvio que yo no me negué. Me acomodé en la cama con mis manos hacia arriba y con la punta de su nariz acarició desde mi cuello hasta mi ombligo. Yo cerré mis ojos y solo me dediqué a disfrutarlo. Subió de la misma manera y volvió a hacer el mismo recorrido con besos, luego con su lengua.

Ubicó sus manos por debajo de mi espalda, yo la arqueé un poco hasta que desabrochó mi corpiño y lo dejó junto con las prendas que ya nos habíamos quitado en el suelo. Desabrochó mi short y también me lo quitó, junto con mis sandalias.

Volvió a mi boca y me besó, esta vez más no con tanta ternura. Sus labios bajaron nuevamente por mi cuello, pasearon por mis hombros hasta que llegaron a mis pechos. Pedro los sostuvo entre sus manos y los sopló suavemente, generando que mi espalda se arquee por inercia. Sus besos los recorrieron completos y luego su lengua.

Mis labios no podían evitar sonar con suspiros cada vez más fuertes.

Cuando cambió su lengua por sus dientes sonreí, de verdad que lo hacia demasiado bien. Su mano se deslizó por mi abdomen y sus dedos me acariciaron sobre mi ropa interior.

Bajó con besos hasta allí y continuó el movimiento de sus dedos mientras recorría mis piernas con besos. Terminó de desnudarme y ahora sus besos visitaron mi zona más erógena.

Pedro buscó mis manos y las entrelazamos, las presioné con fuerza haciéndole notar que los movimientos de su boca me hacían sentir increíblemente bien.

Continuó hasta que no pude más y se recostó a mi lado, acariciándome con las puntas de sus dedos.

Giré mi cabeza y lo besé, tratando de que mi respiración se regulara.

- Estás muy linda así, toda transpirada. –Dijo besándome.-
-Reí.- No chamuyes que ya me tenes a tus pies.
- Igual, sos hermosa. –Y volvió a besarme.-
- Ahora quiero que transpires vos. –Le dije desabrochando su pantalón.-
- Mmm… ¿Sí?
- Sí. ¿No queres?
- Va a ser un placer.

Sonreímos cómplices y volvimos a besarnos. Hice que quedara acostado boca arriba y quité su jean para dejarlo en el suelo. Me senté sobre su pelvis y sus manos fueron a mis pechos, sonreí y comencé a menear mi zona íntima con la suya. Lo sentí gemir y le sonreí.

- No seas mala. –Dijo riendo.-
- Sh, se la banca.

Continué un rato más allí mientras besaba su pecho y luego, terminé de desnudarlo. Mis manos comenzaron a acariciarlo y luego, tal como lo había hecho él, cambié mis manos por mi boca para hacerlo transpirar y gemir como yo hacia algunos minutos atrás. Subí mis manos a sus hombros y clavé mis uñas, lo sentí sonreír y supe que le gustaba.

Cuando no pudo más, lo miré y le pregunté:

- ¿Dónde tenes un forro?
- En el bolsillo del pantalón.

Yo lo busqué, lo abrí y se lo puse. Necesitaba sentirlo dentro, ese hombre me volvía loca.

Se tiró sobre mí sin avisarme y me besó.

- No des más vueltas. –Supliqué.-
-Sonrió.- Paciencia señorita.
- ¡Dale nene!

Pedro rio y comenzó a hacerlo, suspiré en sus labios y sus manos buscaron las mías, entrelazamos nuestros dedos y nos apretamos el uno al otro.

Ambos gemíamos en la boca del otro, nuestros cuerpos ardían y se inundaban de placer en cada movimiento.

Sin dudas no me había equivocado en mirarlo. 


miércoles, 27 de enero de 2016

No me olvides IV.

Finalmente, esa noche decidí ir al boliche y hacerme mierda. ¡No iba a arruinar Bariloche por un tipo!

Estaba tomando un trago en la barra cuando siento que alguien me apoya por la cola. Me dí vuelta y allí estaba, lo más tranquilo.

- ¿Qué haces acá?
- Hola Pau.
-Revoleé mis ojos.- ¿Me dejas sola?
- ¿No crees que dejamos algo por la mitad?
- ¡Vos lo dejaste por la mitad!
- Me tenía que ir.
- Lo hubieses pensando antes de calentarme así.
- No te enojes.
- Tarde.
- No seas caprichosa.
- Soy una pendeja caprichosa, vos eras mi capricho y ahora fuiste.
- ¿Solo un capricho?
- ¿Tanto te crees nene?
- No quise dejarte así.
- ¡Pero lo hiciste!
- Podemos seguir ahora.
- No Pedro, no soy un juguete. Yo sé que me pinté como una putita, pero no lo soy… Es un juego que me divierte y que hice solo con vos, porque es Bariloche. –Suspiré.- Te la perdiste, ahora jodete.

Quise irme, pero Pedro me agarró del brazo y me frenó.

- Para un poco Paula.
- ¿Qué queres?
- ¡Vos no sos solo un capricho para mí!
- ¿Me vas a decir que te enamoraste? ¡No me boludees!

Pedro no me respondió, solo me acorraló contra una columna y me besó.

- No, no me enamoré. –Dijo.- Pero por algo no puedo dejar de pensar en vos.
- Calentura se llama eso.
- No, es algo más.
- No me boludees, ya perdiste la oportunidad.

Pero claro, el señorito volvió a besarme.

- Si ahora te tengo que perseguir yo, lo voy a hacer.
- Te vas a cansar.
- No estés tan segura.
- ¿De qué?
- De que podes resistirte a mí.
- No te creas el ombligo del mundo.
- Por algo me miraste.
- ¡Por boluda!
- Vos y yo vamos a terminar juntos. –Volvió a besarme.-
- Me soltas o grito.
- No te la crees ni vos.
- ¿Seguro?
- Seguro.

Y obvio que intenté gritar, pero me calló de un beso.

- Te encanta que te chape.
- No estés tan seguro.
- ¿Tan mal estuve?
- No voy a responder eso.
- Eso es un sí.
- ¡Basta nene!

Quise separarlo de mí, pero me aprisionó aún más.

- No quiero que arruines mi viaje de egresados.
- No te vi pasarla muy mal hoy en la habitación.
- Eso ya pasó.
- Y te encantó.
- Pero, ya pasó.
- No lo negas.
- No creí que tenía que aclararlo.
- ¿Y no te gustaría repetirlo?
- No con cagones como vos.
- ¿Cagón?
- Si bajabas un rato después no pasaba nada.
- Tenía que bajar.
- ¿Ves? ¡Sos un cagón!
- No pensabas lo mismo cuando te estaba llenando de placer.
- Ahora sí lo pienso…
- Que rápido cambias de idea.
- ¿En qué iba a cambiar que te atrases diez minutos? ¡Explicame!

Y lo dejé sin palabras.

- ¡En nada! Bah, sí… En mucho.
- ¿En qué?
- Capaz ahora podríamos ir a garchar otra vez, pero así no. ¡No me van los tipos que usan a las minas!
- Vos no te pintaste como mucho más.
- Ya te dije que es un juego que me calienta, pero no soy una puta.
- ¿Estás segura de eso?
- Sé muy bien lo que soy, no te pases.
- Vos te pasas poniéndote en pendeja caprichosa.
- Eso sí lo soy… ¡Lástima! ¿No? –Hice una pausa.- La próxima, pensalo mejor.

Y salí corriendo del lugar, por suerte allí venía un micro y me subí para que me llevara al hotel.

¡No entendía que carajo me pasaba con él! Pero me gustaba demasiado.

No pude evitar largarme a llorar como una nena y golpeé con bronca el asiento.

- Paula ¿Qué te pasa?
- ¿Por qué me tuve que enganchar con él Luli?

Mi amiga me abrazó y acarició mi espalda.

- ¿No salíamos a romper la noche?
- Me encaró y me trató de puta. ¡Es un tarado!
- Te vendiste como eso, lo sabes muy bien.
- Fui una pelotuda.
- Bueno, ya pasó gorda.
- Me siento horrible.
- Ahora vamos al hotel y charlamos un ratito.
- No quiero cagarte la noche.
- No me cagas nada amiga, no digas boludeces.
- En serio Lu…
- En serio vos, dale.

-

La semana restante, la busqué todo el tiempo y ella se hacía la dura, la difícil… La histérica.

Me sentía un tarado, porque me gustaba de verdad. Me sentía un tarado por haberla dejado sola en la cama y por haberle dicho que era una puta. ¡La puta que te parió Pedro!

Era el ante-último día, yo ingresé en la habitación de Paula y ella, por primera vez accedió a hablar, les pidió a sus amigas que nos dejaran solos y eso hicieron.

Me senté frente a ella, quien estaba en su cama, con sus piernas cruzadas.

- ¿Qué queres?
- Arreglar esto. –Le respondí.-
- ¿Qué sería esto?
- No lo sé, pero algo es.
-Suspiró.- Me dolió.
- ¿Qué te haya dejado?
- Que me hayas dicho puta. –Y sus ojos se llenaron de lágrimas.- No me voy a hacer la recatada porque no lo soy, he garchado con pibes que conocí la misma noche, pero no soy una puta… Sí, busqué calentarte, no soy boluda eh. –Suspiró.- Pero, no quise parecer eso… Me siento horrible.
-Tomé sus manos y la miré a los ojos.- Yo tampoco pienso eso de vos.
- Dale Pedro.
- En serio… Que alguien disfrute de su sexualidad, no quiere decir eso.
- Es lo que me dijiste.
- Estaba enojado.
- ¿Y ahora?
- Ahora no.
- No sé si te creo.
- ¿Por qué?
- No sé.

Sequé sus lágrimas y le dí un beso.

- Por lo menos, no te vayas enojada conmigo, por favor.
- Ojala pueda…
- No llores.
- Me siento una tarada.
- ¿Te puedo abrazar?
- Mmm…
- Dale che, un abrazo.

Pau rio y la abracé contra mi pecho.

- Sos una mujer muy hermosa. –Dije y besé su frente.-



martes, 26 de enero de 2016

No me olvides III.


La excursión de ese día eran los cuatriciclos y siempre supe que no iría, además me dolía la panza… O eso les hice creer a todos.

Mandé a llamar a un coordinador porque me sentía mal y claro que ya sabía que ese día se quedaría Pedro en el hotel, me lo había dicho aquella madrugada.

- Al fin viniste. –Dije en mi cama.-
- ¿Qué pasa? –Se acercó a mí.-
- Me duele la panza. –Dije quejándome.-
- ¿Tengo que creerte?
- Que feo eso de que no me creas eh.

Pedro se acercó a mí y se sentó en la cama, a un costado y mirándome. Tocó mi frente y me dijo.

- Fiebre no tenes.
- No, la panza te dije que me duele.
- ¿Dónde?
- Acá. –Dije tocando mi zona abdominal baja.-
- Mmm…
- ¿Qué?
- ¿Llamo al médico?
- No, quedate vos.
- Yo no puedo hacer nada.
- ¿Seguro?
- Sí…
- ¿Unos besitos?
- Pau, dale.
- Si la puerta está bien cerrada, no va a pasar nada.
- La trabé.
- ¿Y entonces?

Levanté un poco mi remera y lo miré pícara.

- Unos besitos y se me pasa. –Supliqué.-

Pedro se acercó dulcemente a mi panza y comenzó a dejar besos muy tiernos allí, yo sonreí y cerré mis ojos. Abrí un poco mis piernas y lo miré.

- Podes llegar hasta donde quieras. –Suspiré y volví a cerrar mis ojos.-
- Esto está mal.
- Te prometo que después te toca a vos.
- Mmm…
- Te morís de ganas Pedro, dale.

Sentí sus dedos clavarse en mi pantalón y deslizarlo por mis piernas, sonreí y sus dedos acariciaron suavemente mi zona íntima la cual se estaba humedeciendo.

Besó mi zona abdominal baja e inhaló profundo.

- Mmm… Oles muy bien. –Y mordió suavemente mi piel.-

Sentí su nariz acariciarme por sobre mi tanga y sentí una sensación de electricidad recorriéndome todo el cuerpo. Besó el centro de mi cuerpo y subió mis piernas para poder desnudarme.

Primero sentí sus dedos algo tímidos, pero que con el correr de los minutos tomaron velocidad y no podía evitar gemir ante sus movimientos.

- ¿Te gusta así? –Preguntó y cambió sus dedos por su lengua.-
- Me estás volviendo loca. –Dije tratando de respirar.-
- ¿Sigo?
- ¡Ni se te ocurra frenar!

Sus manos me tomaron por mi cintura, por debajo de mi remera y aumentó la velocidad de su lengua. ¡La puta madre! ¡Lo hacía increíblemente bien!

Cuando supo que no podía más, volvió a hacerlo con sus dedos y caí rendida en la cama.

- Creo que me encantas más que antes. –Dije sintiendo mi piel transpirar.-
-Rio.- ¿Sí? –Preguntó acariciando en aquella zona que ahora estaba tan sensible, muy suavemente.-
- Sí. –Lo besé.-
- Respira che.
-Rio.- No seas boludo. –Dije tocándolo yo a él ahora.-
- ¿Es mi turno?
- Si queres…
- Con todo gusto.

Yo me arrodillé a los pies de la cama y Pedro se acomodó allí. Quité sus pantalones y me tiré sobre él, besándolo y ejerciendo presión de mi zona íntima desnuda con la suya aún cubierta por el boxer. Bajé con mis dedos hasta allí y quité su bóxer.

- Apa, venimos bien. –Dije mirándolo.-
- Eso dicen. –Rio triunfador.-
- ¿Ah sí? ¿Quiénes? –Pregunté comenzando a tocarlo.-
- Todas las que tienen el placer de pasar por este cuerpo.
- ¡Cuánto ego che! –Dije acelerando mis movimientos.-

Y no respondió más, solo lo sentí gemir y sonreí, era señal de que lo que estaba haciendo, estaba bien.

Continué por algunos minutos más, hasta que cambié mis manos por mi boca.

Su cuerpo temblaba y me acosté a su lado, sin dejar de acariciarlo.

- Tranquilo hermoso. –Besé su sien.-
- ¿Cómo podes ser tan pendeja y hacerlo tan bien?
- ¿Qué es ese prejuicio? –Reí.-
- Me volaste la cabeza.
- Era la idea.

Pedro quitó mi remera y sonrió al ver mis pechos sin ningún tipo de corpiño. Las sostuvo entre sus manos y yo sonreí.

- Pareces un nene con juguete nuevo. –Le dije riendo.-
- Sh… -Me besó.- ¿Me dejas?
- Podes hacer lo que quieras.

Volvió a besarme y bajó con besos por mi cuello y mis clavículas, hasta llegar a mis pechos. Comenzó llenándolos de besos muy húmedos y suaves, luego continuó recorriéndolos con su lengua y para terminar se concentró en el lugar predilecto: mis pezones. Los humedeció con su lengua, los mordisqueó y tiró suavemente de ellos.

Cuando frenó, suspiré y lo miré.

- En mi mesita de luz hay forros. –Le dije.-
- No puedo.
- ¿Qué no podes?
- En cinco minutos tengo que estar en el comedor.
- ¿Me estás jodiendo?
- Ojala, pero no… -Dijo vistiéndose.-
- ¿Me vas a dejar así?
- No sabes cuánto me gustaría seguir, pero no puedo Pau.
- Está bien, andate.

Agarré mi ropa y fui corriendo al baño. ¿De verdad me iba a dejar así? ¡Forro!

- Perdón Pau. –Dijo del otro lado de la puerta.-
- ¡Dejame sola!
- Te juro que quiero tanto como vos.
- ¿Para qué me calentas así tarado?
- Yo estoy igual que vos. –Suspiró.-
- ¡Andate!

Pateé la puerta y comencé a vestirme.

La primera en llegar fue Luli y se sentó en mi cama, frente a mí.

- ¿Y? –Preguntó.-
- ¡Un idiota!
- ¿Por qué?
- Vino para acá, le dije que me dolía la panza y me levanté de la remera para que me dé besitos… Lo hizo, y siguió más abajo. –Suspiré.- Me volvió loca, después yo hice lo mismo con él… Y cuando quise garchar en serio, me dijo que se tenía que ir.
- ¿Me estás jodiendo?
- ¡No boluda! –Dije con bronca.-
- ¿Por qué se fue?
- Me dijo que tenía que estar en el comedor.
- Por ahí era cierto gorda.
- No sé, pero me dejó con las ganas.
- ¿La previa fue con todo incluido?
- Todo es todo. –Remarqué.-
- No seas caprichosa.
- Me dejó con las ganas, es un tarado.
- No seas caprichosa. –Repitió.- Ya lo tenes comiendo de la palma de la mano.
- Me gusta en serio y me preocupa.
- ¿Me jodes?
- No… -Suspiré.- Sí, me calienta mal… Pero también me gusta cómo es, no sé. –Me encogí de hombros.-
- Lo conoces hace unos días nada más.
- ¿Y?
- No sé gorda.
- Mejor dejame sola.
- ¿Segura?
- Sí.
- ¿No venís al boliche?
- Después veo.

- ¡Después veo las pelotas! ¡Hoy venís!

Yo reí y Luli se fue.




lunes, 25 de enero de 2016

No me olvides II.


Yo intentaba por todos los medios no engancharme con esa mina, pero no solo que se partía sola, sino que me buscaba todo el tiempo y yo no era de madera… Más bien, todo lo contrario.

La vi junto a sus amigas ingresar en su habitación y suspiré, al menos hasta el día siguiente estaría liberado de sus tácticas. Tenía pinta de que no iba a parar hasta conseguir lo que quería.

Ingresé en la habitación y me quedé en bóxer, me metí en la cama, me acomodé y cuando cerré mis ojos lo primero que se vino a mi mente fue su imagen.

¡La puta madre! Pensé para mis adentros. Todavía sentía su olor impregnado en mi piel. Llevé mi mano a mi cuello, sintiendo el chupón que había dejado y mi zona íntima se hizo eco de eso. Iba a ser demasiado complicado resistirse.

Me quedé dormido (sin poder quitarla de mi mente) y yo siempre era el encargado de despertar a los chicos del tercer piso… Y allí estaba Paula, en la habitación 304.

Desperté a todas las habitaciones y por último fui a la suya. No solo estaba durmiendo toda destapada, sino que lo hacia en ropa interior. ¿Tan difícil me la vas a hacer Paulita? ¡Para colmo era la única en la habitación!

- ¡Buen día! ¡Hay que levantarse! –Dije desde la puerta, sin poder quitar mi mirada de su cola.-
- Mmm… -Dijo haciéndose un bollito, dándome la espalda.-
- No, dale. No puedo entrar Paula, levantate.
- Veni, por favor.
- No me la hagas más difícil.
- Mis amigas se fueron para dejarnos solos, dale entra un ratito.
- Está el desayuno.
- ¿Y?

Yo suspiré y me fijé que nadie estuviera viendo, cerré la puerta y ella giró.

- ¿No venís?
- ¿Qué queres?
- Sabes muy bien que quiero.
- No, no sé.
- Mi beso de buenos días, por si te importa, ya me lavé los dientes.
- Vestite, dale.
- Si no me das un beso, no me visto.
- Paula, no seas chiquilina.
- ¿A vos te parece que una chiquilina espera a un hombre así? –Se sentó en la cama e hizo un rodete en su pelo.- ¿Tan mal estoy?
- Demasiado bien estás. –Dije mirando sus pechos.-
- Es un beso, no te podes negar.

Y la realidad es que negarme era imposible, me acerqué a ella y la besé, me tomó de los hombros e hizo que caiga sobre su cuerpo.

- Para, acá no, de verdad te lo digo.
- ¿Y en dónde sí?
- Me llegan a agarrar así y me quedo sin laburo.
- Está bien, tampoco quiero poner en riesgo tu trabajo. –Me besó.- Pero, prometeme que esto no queda acá.

Me puse de pie y le dí la ropa que estaba a los pies de su cama.

- Te cambias y venís a desayunar.
- ¿Puedo desayunar con vos?
- ¡Dale Paula!
- No te vas a poder negar eh.
- ¿Queres perderte la excursión?
- A vos no te quiero perder. –Mordió su labio inferior y suspiré.-
- Te espero abajo.
- ¿A mí?
- ¿A quién va a ser?

Paula me sonrió y me asomé por la puerta, al ver que no venía nadie, bajé hasta el comedor y me quedé con mis compañeros. Al rato, bajó Paula y se sentó con sus amigas, me buscó con la mirada y me sonrió pícaramente cuando me encontró.

Cuando terminaron de desayunar, debíamos ir a la excursión de ese día que era el culipatín. Pasaron todos por las tres pistas y luego, estábamos en la base esperando el micro, pero claro que nadie estaba tranquilo, habían armado una guerra de bolas de nieve. Sentí una en mi pierna y era claro que era Paula. Sonreí, porque no podía evitarlo y se la devolví.

- ¿Cómo le vas a pegar a una mujer? –Me preguntó quejándose.-
- ¡Vos empezaste!
- Para que me miraras, ni bola me diste…
- Digamos que sos más sexy en ropa interior que con ese traje. –Dije susurrando.-
-Largó una carcajada.- Este traje es horrible.
- Pero vos seguís siendo hermosa.
-Sonrió.- Me gusta escuchar eso.
- ¿Dudabas?
- No, no sé.

Caminó hacia atrás y me tiró con otra bola y eso hicimos un largo rato, olvidándonos de que alrededor nuestro había mucha más gente.

Claro que le tiraba con nieve para no tirarme sobre ella y romperle la boca de un beso.

-

Volvimos al hotel y luego de bañarnos, estábamos en la habitación. Yo ordenaba un poco las cosas de mi valija, cuando Luli se sienta en mi cama.

- ¿Y boluda?
- Lo estoy calentando hasta dejarlo en punto caramelo.
-Rio.- Sos tremenda.
- Te juro que me encanta.
- Nunca te vi así.
- Yo tampoco. –Reí.- Me siento bastante putita, pero me calienta serlo.
- Está bien boluda, si no lo haces en Bariloche. ¿Cuándo lo vas a hacer?
- Exacto.

Y en ese momento, escuchamos que nos llamaban a comer asique bajamos al comedor. Almorzamos y teníamos la tarde libre, con mis amigas decidimos ir a sacar fotos y merendar en alguna chocolatería.

Volvimos al hotel cerca de las seis de la tarde y dormí una siesta porque no podía más.

Me levanté cerca de las ocho y debíamos bajar a cenar, para luego prepararnos para la fiesta de aquella noche: la fiesta bizarra.

No lo encontré a Pedro en toda la noche y eso convirtió a la fiesta es una mierda total. Sí, así de temperamental soy.

Volví al hotel y me cambié, eran las dos de la mañana… Habíamos ido al boliche a las diez y ya me aburría allí, por eso volví. En fin, me puse un jean, zapatillas y una remera, me hice un rodete con el pelo y bajé al comedor en busca de un café… Allí estaba Pedro, sentado solo en una mesa.

- Pedro… -Sonreí.- ¿Puedo? Te prometo que no hago nada acá. –Dije bajito.- ¿Queres un café?
- Mmm… Dale.
- Quedate con este, yo me busco otro.

Fui en busca de otro café y me senté frente a él.

- ¿Por qué estás acá solo?
- Me tocaba quedarme hoy, siempre se queda uno por los chicos que se vuelven temprano, como vos.
- Ah… -Dije y tomé un poco de café.- Si molesto, me voy. Me encantas, pero de verdad que tampoco quiero que pierdas tu laburo por mí.
-Sonrió.- No, quedate Pau.
- Me dijiste Pau. –Sonreí.-
- Si te rechazo, es solo por mi laburo.
- Lo sé, no tenes que aclararlo. –Hice una pausa.- Hablemos de otra cosa.
- ¿De qué?
- Mmm… ¿Laburas de esto porque te gusta la joda? –Reí.-
- ¡Sos una tarada! –Reímos.- La verdad es que garpan bien, tengo 23 años y un laburo así, de invierno me viene bien.
- ¿Laburas solo en temporada alta?
- Sí, es mi primera vez igual.
- ¿Y no estudias?
- Hago cursos relacionados a la fotografía. ¿Vos?
- Por egresarme. –Reí.- Planeo estudiar Producción de moda.
- Tenes la pinta.
- ¿Qué queres decir con eso?
-Rio.- Nada malo, solo que muchas veces los perfiles de la gente hablan.
- Sí, es cierto.
- Si cuando sea fotógrafo famoso necesito alguien que me asesore con la ropa…

Los dos reímos y tomamos un poco de café.

- ¿Queres un chocolate? –Me preguntó.-
- Mmm… Sí, pero no está abierto esto.
-Rio.- Vos dejame a mí.

Pedro se levantó y pasó hacia la parte de atrás del mostrador donde nos daban la comida, volvió con varios chocolates en sus manos y yo reí.

- ¿Y esto no pone en riesgo tu trabajo? –Pregunté riendo.-
- Mmm… No.

Pasamos media hora más charlando, hasta que el comedor comenzó a llenarse y decidí irme a dormir. Subimos juntos y lo hice entrar a mi habitación.

- Un beso y te dejo ir tranquilo. –Supliqué.-

Pedro sonrió, me arrinconó contra una pared y me besó.

- Que descanses lindo. –Dije despeinándolo.-
- Vos también… -Dio un dulce beso en mi cuello y se fue.-

Suspiré y me dejé caer en mi cama.



domingo, 24 de enero de 2016

No me olvides I.


Hacia dos días que habíamos llegado a Bariloche y yo no podía sacarme a ese maldito pendejo de la cabeza. Realmente era hermoso y sus ojos tenían algo que me atraía de verdad.

Nos estábamos preparando para la fiesta de disfraces y con mis amigas habíamos decidido vestirnos de Pin-Up. Yo tenía una pollera roja con lunares blancos, bien cortita claro está, junto con un top negro, un pañuelo atado en mi cabeza y unos tacos. Me maquillé los labios de rojo y me delineé los ojos.

Nos subimos al micro y allí estaba él, el coordinador más lindo de todos.

- ¿Podes dejar de mirarlo Paula? –Me preguntó quejándose Luli.-
- ¡Es que mira lo que es boluda! –Suspiré.-
- Es un coordinador, no se va a enganchar con una pendeja.
- Puedo hacer que se enganche.
- No te metas en quilombos.
- No puedo dejar de pensar en él.
- Calentate con otro Paula. ¡Dale!
-Reí.- No, lo quiero a él.
- ¿No vas a parar?
- Me conoces. –Dije mirándola.- Me queda una semana todavía.

Llegamos al boliche y esperé a que bajen todos, ya que siempre los coordinadores bajaban últimos. Caminé detrás de Pedro y posé mi mano en su hombro.

- Hola Pepe. –Dije susurrando en su oído.- ¿Solito?
- Paula, dale.
- ¡Hey! ¡Qué mal trato che!
-Rio.- Sabes que si nos ven juntos…
- En el boliche no nos va a ver nadie.
- No, porque no vamos a hacer nada.
- ¿Estás muy seguro?
- No puedo poner en riesgo mi trabajo Paula.
- ¿Eso quiere decir que te gusto? –Pregunté entusiasmada.-
- No importa eso.
- Sí, importa.

Pedro entró al boliche y yo lo seguí, al menos un chape le iba a robar aquella noche.

- No te me vas a escapar.
- Anda con tus amigas Paula.
- Quiero estar con vos.
- Está mal.
- ¿Qué está mal?
- Esto.
- Para mí está perfecto eh.
- ¡Dale Paula!
- ¿Tomamos algo?
- En serio…
- ¡Sí, en serio! –Él rio.- Solo un trago. ¿Qué tiene de malo? –Se quedó en silencio.- ¡Nada! Dale, si queres invito yo.

Pedí dos tragos y estábamos contra una columna, bastante alejados de todos. Tomé un poco del sorbete, mirándolo por arriba.

- ¿Qué pasa? –Le pregunté.-
- Nada.
- Dale, decime Pepe. –Dije acariciando su abdomen.-
- La manito Paula.
- Pau, podes decirme Pau.
- La manito Pau. –Dijo mientras yo la bajaba lentamente.-
- ¿Qué? ¿Qué tiene de malo? –Pregunté ya con mi mano en el lugar indicado.-
- Que no se puede.
- Somos dos chicos, es normal que nos excitemos un poco con otro…

Me acerqué a él, apoyándolo y empujándolo contra la columna.

- No podes negar que te gusto. –Le dije muy cerca de sus labios.-
- Si no me gustaras, sería todo más simple.
-Sonreí.- Dejate llevar un poquito.
- ¿A dónde?
- A mí.

Posicioné sus manos en mi cintura y yo lo abracé por el cuello, ejerciendo aún más presión entre nuestros cuerpos.

- Me la haces muy complicada Paula.
- Pau te dije. –Y marqué un chupón en su cuello.-
- Ufff, no podes más.
- ¿Con vos? ¡No!

Y sentí las manos de Pedro bajar hasta mi cola y presionarla, yo sonreí y le dije a su oído.

- Podes correr la tela de la pollera si queres. –Y mordí su oreja con fuerza.-
- Para un poco.
- No, no quiero parar.

Y las manos de Pedro hicieron lo que le pedí, suspiré en su oído y ya sentía su virilidad despertarse.

Su lengua pasó muy caliente por mi cuello y sonreí. Ya era mío. Bajé mis manos hasta su cola y la presioné con mis dedos.

- Para, en serio.

Pero, obvio que no le hice caso y lo besé sin pedirle permiso. Nuestras lenguas se encontraron en el camino y nos separamos solamente porque necesitábamos respirar.

- ¡No podes estar tan bueno nene! –Y volví a besarlo.-
- Esto está mal.
- Y eso me calienta más, mucho más.

Volví a besarlo y sus dientes mordieron mi labio inferior.

- ¿Queres jugar? –Reí.-
- Y… Vos ya me marcaste un chupón Paulita.

Corrí el pelo del lado derecho de mi cuello y estiré mi cabeza hacia el lado izquierdo.

- Quiero uno tuyo. –Dije pícara.-

Pedro se acercó a mí, subió con pequeños mordiscos desde mi hombro hasta mi cuello y allí marcó un chupón que me volvió loca.

Mordí mi labio mirándolo y le sonreí.

- ¿Viste que tenías que hacerme un poquito de caso?
- Esto está mal, de verdad. ¡Me llegan a agarrar y me matan!
- Yo te estoy matando. –Dije frotando mi intimidad con la suya.-
- Basta, en serio.
- Sh… Tranquilo hermoso.

Volví a besarlo y aumenté la intensidad de mis caderas.

- No vamos a garchar. –Me dijo muy serio.-
- Hoy con esto me conformo.
- Esto y solo esto.
- Te morís por estar conmigo, no me lo niegues.
- ¡Pero no se puede!
- Sí, si queremos… Se puede.
- No Paula.
-Lo besé.- Tu cuerpo no dice lo mismo.

Y en ese momento, comenzó a sonar una sirena en el boliche… Creí que era parte de la música, pero Pedro me tomó de la mano y me hizo salir de allí.

- ¿Qué pasa Pedro?
- Es una sirena de incendio.
- ¿Qué? –Pregunté asustada.-
- Veni, salgamos de acá.

Me abrazó por los hombros y sonreí, corrimos hacia uno de los micros y este de repente se llenó.

¡La puta madre! ¡Lo perdí de vista!

Me senté muy cómoda en uno de los asientos y suspiré.

- ¡Acá estabas Paula! –Dijo Luli.-
- No me retes.
- Me asusté, todos saliendo y no sabía donde estabas.
- Adivina con quien estaba.
- ¿Con Pedro? –Preguntó sorprendida.-
- Sí boluda, es un fuego.
- ¿Te lo garchaste?
- No, ojala.
- ¿Y qué entonces?
- Chapamos, nos calentamos un poco, que se yo.
- ¿Ese chupón es de él?
-Reí.- Sí.
- ¡Sos tremenda Paula!
- Te dije que lo voy a conseguir.
- No lo dudo. –Reímos y el micro arrancó.-

El incendio al final no había sido nada y me cagaron la noche. Eran las tres de la mañana y yo ya estaba por dormirme.

Subí mi mano hasta mi cuello y toqué el chupón que me había dejado, sonreí y sentí una sensación de electricidad en mi cuerpo.

No me iba a ir sin probar a ese pibe. Ya era un hecho.