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miércoles, 10 de febrero de 2016

Un poco rotos VI.


Todos estamos un poco rotos y sí, eso es cierto. Solo diferimos en que a algunos se les nota más y a otros menos… Pero, si nos detenemos a conocer a cualquiera vamos a darnos cuenta de que todos un poco rotos, estamos.

- Gorda. ¿Estás?
- Sí amor, ya voy. –Dije acomodándome el pelo.-
- No llegamos eh.
- ¡Ya voy!
- Mujer tenías que ser.
-Reí.- ¿Vas a dejar de bardearme o pensas seguir?

Él rio y entró al cuarto para besarme.

- No llegamos.
- Ya salgo.
- Te espero en el auto.
- Dale.

Me dio otro beso y se fue. Yo terminé de prepararme y fui hasta el auto.

Mientras él manejaba no podía dejar de pensar en eso que venía pensando hace años…
Todos estamos un poco rotos, pero a su vez todos tenemos a alguien que nos cure (al menos un poco) esas heridas.

Pedro frenó en un semáforo y posó su mano en mi pierna.

- ¿Estás bien gorda?
- Sí amor. –Dije mirándolo.-
- Estás muy callada.
-Reí.- Solo estoy pensativa.
- ¿Segura? –Preguntó arrancando.-
- Sí, segura.

Hacia algunos meses que había dejado de tomar pastillas y eso sinceramente me hacia sentir bastante mejor, sentía como mi cuerpo y mi mente se estaban limpiando.

Pedro estaba pasando por el mismo proceso. De a poco, los dos estábamos comenzando a sanar.

Mi marido estacionó el auto y bajamos. Me tomó de la mano e ingresamos.

- Estás re nerviosa.
-Reí.- Es que… Siempre soñé con estos momentos.
-Besó mi mejilla.- Entonces disfruta.
- Lo estoy disfrutando.
- Te amo. –Me besó.-
-Sonreí.- Te amo. –Nos besamos y nos abrazamos.-

Al ratito, ya estábamos en el salón de actos del jardín de nuestro hijo: Salvador.

Salva tenía 3 años y lo habíamos adoptado cuando apenas tenía 6 meses, llevaba con nosotros 2 años y medio. A decir verdad, había sido el tiempo más feliz de toda mi vida.

Como indicaba su nombre (que no se lo pusimos nosotros) llegó para salvarnos y sanarnos.

Verlo actuar junto a sus compañeros realmente me emocionaba… Y no, no me sentía diferente al resto de las mamás. Él era mi hijo, como el de cualquiera.

Ese nene me desarmaba de amor todos los días y era real que haría cualquier cosa por él.

Cuando el acto terminó, Pedro secó mis lágrimas y reímos.

- No llores gorda. –Me besó.-
- Es que… Es todo tan lindo que no lo puedo creer.
-Sonrió.- ¿Vamos a buscarlo?
- Por favor.

De la mano fuimos a buscar a nuestro hijo quien estaba con su maestra.

- Mira quien vino Salva. –Dijo su maestra haciendo que mi hijo me mire.-

Salvador sonrió y corrió hacia mí, yo lo tomé en brazos y lo abracé lo más fuerte que pude.

- Te amo mi amor, te amo. –Dije en su oído y lo llené de besos.- Sos el más lindo del mundo. ¿Sabías?
-Rio.- Te amo mamá. –Dijo abrazándome con fuerza.-

Y cada vez que me decía así,
mamá mi vida cobraba un poco más de sentido.

Pedro nos abrazó a los dos y le dio un beso a Salva en su mejilla.

- No llores ma.
-Reí.- Es que me emocionas mucho.
- ¿Qué les parece si nos vamos a tomar un helado así dejamos de llorar un poco? –Propuso Pedro.-
- ¡Sí! ¡Helado! –Dijo Salvador festejando.-

Nosotros reímos y luego de despedirnos de su maestra, fuimos hasta el auto. Tomamos helado en una plaza y volvimos a nuestra casa.

Lo bañé y le puse su bata para llevarlo a su habitación, lo acosté en la cama y comencé  a hacerle cosquillas con mis labios en su pancita. Él solo reía y no había nada que amara más que eso, escucharlo reír.

Luego lo cambié y fuimos hasta la cocina, en donde Pedro estaba preparando la cena. Comimos fideos con tuco y nos quedamos un rato jugando con él, eso hacíamos todas las noches.

Cerca de las diez iba con Pedro a prepararse para dormir y yo los esperaba en el cuarto, lo acostábamos y nos quedábamos con él hasta que se quedaba dormido.

Salvador estaba acostado en su cama, abrazando su muñeco preferido y Pedro y yo a sus costados, arrodillados en el suelo. Lo mimamos hasta que se quedó dormido y eran en esos momentos cuando me daba cuenta de que podía pasarme la vida mirándolo.

Sentí la mano de Pedro acariciar mi mejilla y lo miré.

- ¿Vamos gorda?
- Dale.

Nos levantamos y fuimos a cambiarnos para dormir, nos acostamos en la cama y él se tiró sobre mí, besándome.

- Te juro que me desarmas de amor. –Me dijo mientras me besaba.-
-Sonreí.- Es que no puedo amarlos más.
- Y nosotros a vos tampoco. –Dijo besando mi cuello.-
-Suspiré.- ¿No sentís como de a poco todo duele un poquito menos?
- Es exactamente lo que me pasa.
- Siempre hablábamos de que estábamos un poco rotos, y lo estamos, nunca vamos a dejar de estarlo, pero con ustedes todos cuesta menos, incluso lo disfruto.
- No podes ser más hermosa.
-Lo abracé por el cuello y reí.- ¿Cerraste la puerta?
- Ajam… -Dijo acariciando mi panza.-
- ¿Seguro?
- Muy seguro.
- Mejor así entonces.

Giré para quedar sobre su cuerpo y lo besé.

- Amo cuando te pones así. –Dijo acariciando los costados de mi cuerpo.-
-Reí.- Me hablas como si te tuviese a pan y agua nene.
-Largó una carcajada.- Te amo tanto que no te das una idea.
- Arreglala ahora, dale.
-Rio.- Sos una tarada.
- Seguí sumando, dale.
- ¿Para qué estoy sumando?
- Mmm… -Dije acercándome a él y mordí su cuello.- Cuidado como te portas.
-Rio y me abrazó por la cintura.- Vos también cuidadito eh.
- ¿Con qué?
- Con todo… -Dijo sacándome la remera del pijama.-
- No te tengo miedo eh.

Reímos y nos besamos, sus manos subieron por mi espalda llenándome de caricias que me enloquecían.

- Ahora si me gusta por un rato sentirme tu putita. –Dije en sus labios.-
-Sonrió.- Todavía no entiendo como te bancaste tanto.
- Por amor uno hace muchas locuras.
- Vos hiciste demasiadas.
- ¿Pero sabes qué?
- ¿Qué?
- Hoy no me arrepiento de nada.

Sonreímos y nos besamos, terminamos de desnudarnos sin dejar de besarnos porque realmente no podíamos hacerlo.

Quedé encima suyo y una vez más me sentí su mujer.

Salí de encima de su cuerpo agitada y me tapé con la sábana, cerré mis ojos y suspiré.

- No sabes lo que amo salir de encima tuyo y no sentirme rara ni incómoda.
-Me besó.- Te amo mi amor.
- Y yo te amo a vos.
- Gracias, de verdad.
- A vos, por hacer que me sienta menos rota.




-

Particularmente amo mucho como quedó este final, asique espero que les guste a ustedes también.

Si leyeron este corto, me gustaría que me dejen un comentario, por favor ♥

martes, 9 de febrero de 2016

Un poco rotos V.


Salí de aquel lugar que siempre había renegado. Sí, hacia 3 años que iba a terapia, tres veces por semana.

Fue la mejor opción que encontré para tratar de alivianar la culpa, claro que junto con el amor de mi mujer, porque sí, nos habíamos casado el año anterior.

Llegué a mi casa y la encontré durmiendo en la habitación, era raro que estuviese durmiendo pero aún así la dejé. Me acerqué a ella y la tapé ya que hacía frío.

Aproveché que debía ir a la farmacia para comprar las pastillas que tomábamos, porque sí ahora yo también tomaba… Al fin y al cabo, era cierto eso de que ambos estábamos rotos.

- Amor… -Dijo cuando yo estaba guardando mi campera en el placard.-
- Perdón gorda, no te quise despertar.
- No pasa nada. –Me respondió acurrucándose.-
- ¿Te sentís bien?
- Mmm… Más o menos.
- Tenes una carita. –Dije sentándome frente a ella.-
- Se me parte la cabeza, volví así del laburo. ¿A vos cómo te fue?
- Mmm… ¿Bien?
-Rio.- ¿Cuándo vas a dejar de renegar?
-Reí.- No sé.
- ¿Qué te parece si traes algo para comer y te metes en la cama conmigo?
- Me gustó ese plan.
- Y si puede ser...
- ¿Café?
-Rio.- Me lees la mente.
- O te conozco mucho. –Reímos y nos dimos un beso.-

Me fui a preparar una merienda mientras ella fue al baño y se acercó a la cocina.

- ¿No queres volver a la cama gorda?
- No, no pasa nada.
- De verdad que tu carita me preocupa.
- Me duele la cabeza, nada más.
- Si queres merendamos y te hago unos masajitos.
- Mmm… Sí, por favor.

Merendamos juntos y luego ella se sentó en el suelo, delante de mí que estaba en el living. Hizo un rodete con su pelo y yo comencé a hacerle masajes.

Después de un rato…

- ¿Me vas a contar qué pasa gorda?
- Uf, basta con eso.
- Dale amor… -Dije masajeando su cuello.-
- No importa.
- Mmm… A mí sí, de hecho sos lo que más me importa en el mundo.
-Suspiró.- No importa.
- Pau, dale.

Ella suspiró y se puso de pie, quiso irse a la habitación pero se lo impedí, tomándola de la mano.

- No te pongas en situación de nena caprichosa.
- No tengo ganas de hablar. ¿Lo podes entender?
- Lo entiendo. –Dije acomodando su pelo.- Pero… Vos también tenes que entender que no te hace bien guardarte lo que te pasa.
- Decime algo que no sepa.
- ¿Por qué sos tan terca?

Paula se encogió de hombros y suspiró. Yo la abracé y besé su cuello.

- Dale amor… -Dije acariciando su espalda.-
- Ahora prefiero que me abraces.
- Siempre te voy a abrazar.

Pasaron algunos minutos hasta que ella se separó de mí y rascó su sien.

- ¿Venís conmigo? Quiero acostarme.
- ¿Queres que te prepare un té?
- No, pero igual… -Suspiró.- Deja yo voy a buscarme.

Se fue a la cocina y yo la seguí.

- ¿Qué necesitas gorda?
- Un ansiolítico. –Dijo buscándolo.-
- No tomes por tomar.
- No me siento bien.
- Ya sé, pero podes hablar conmigo antes de tomar eso.
- Voy a hablar, pero dejame tomarlo.
-Suspiré.- Está bien, pero uno solo.
- Sí, uno.

Agarró la pastilla y se la tomó, dejó el vaso en la pileta de la cocina y yo la abracé por la espalda.

- Te amo. ¿Sabes? –Dije y besé su mejilla.-
- Lo sé, yo también te amo. –Dijo posando sus manos sobre las mías y cerró sus ojos.-
- ¿Vamos al cuarto?
- Sí.

Fuimos juntos a la habitación y ella se acostó en la cama, yo me senté a su lado y tomé su mano.

- ¿Me contas qué pasa?

Paula tomó aire y me miró muy seria.

- Hoy estuve mil horas investigando en Internet sobre la adopción y quedé así, listo, es eso.
- ¿Por qué lo haces sola?
- No lo sé. –Suspiró.- Y tampoco sé por qué lo hago, si así como estamos nunca jamás nos darían la posibilidad de adoptar.
- Es algo que vamos a transitar juntos.
- ¿De verdad crees que podemos transitarlo?
- ¿Por qué no?
- Lo que te digo, estamos muy rotos y muy mal de la cabeza para que nos permitan adoptar.
- ¿Y no crees que esa situación pueda mejorar?
- No lo sé, te juro que no lo sé.

Se dio vuelta para quedar boca abajo, abrazó la almohada y apoyó su mejilla allí, mirándome.

- No te maquines de más gorda.
- Hago lo que puedo amor.
- Ya sé. –Dije corriendo el pelo de su cuello.-
- Por lo menos solo me dio dolor de cabeza… -Suspiró.- Igual, no sé.
- ¿Qué no sabes?
- Si algún día de verdad voy a poder superar esos ataques de mierda.
- Vas a poder.
- No amor, ya no. –Cerró sus ojos.- Y mejor no hablemos más.
- ¿Y qué queres hacer?
- Nada.
- Nada implica que te cabeza no frene.
- Nunca frena.

Me acosté frente a ella y tomé su mano.

- Hoy estaba pensando en algo…
- ¿En qué?
- En realidad, lo hablé en terapia. ¿Qué te parece si nos vamos de viaje juntos?
- ¿Viaje?
- Sí, nunca salimos de vacaciones y capaz alejarnos un poco de todo nos haga bien.
- Mmm… Sí, no sé. Puede ser.
- Si le pones esa onda.
-Rio.- Perdón, me siento mal.
- Ya sé, te jodo nada más.
-Suspiró.- Creo que lo mejor es seguir durmiendo.
- Te va a hacer peor al dolor de cabeza.
- Ojala solo fuese dolor de cabeza.
- Mmm…. ¿Y no queres que salgamos a caminar un poco?
- ¿La verdad? No.
- Está bien. –Besé su cabeza.- Nos quedamos acá.
- Gracias. –Cerró sus ojos.-
- Pero…
- No dale, no jodas.
- ¡Hey! ¿Qué es esa manera de hablarme?
-Rio.- Perdón, pero de verdad no tengo ganas de nada.

Yo no le dije nada, solo me abalancé sobre ella y la besé.

- Dale amor.
- ¿Qué?
- No rompas.
- Solo te quiero dar un beso. ¿No puedo?
- Te conozco, son muchos años ya.
- Que feo que pienses así de mí.
- Hazte fama… -Reímos.-
- Bueno che, bueno. –Volvimos a reír y nos besamos.- Solo quiero que estés un poco mejor.
- Dormir me va a hacer bien.
- Dormir no soluciona nada.
- Pero, te permite no pensar y eso es casi lo mismo.
- Ya sé que insistirte no te va a hacer cambiar de parecer.
- Veo que ya me conoces. –Reímos y volví a besarla.- Si queres, podes quedarte.
- Obvio que quiero.

Ella sonrió y nos acomodamos, frente a frente. Acaricié su mejilla y ella suspiró.




-

Mañana termina... 




lunes, 8 de febrero de 2016

Un poco rotos IV.


Estaba decidido pero eso no quitaba que no me sintiera más nervioso que nunca.

Caminaba de una punta a la otra del pasillo de su casa (o nuestra casa, ya no sabía), mientras ella me estaba esperando en el cuarto. En la cocina estaba su madre, eso hacia todo más tedioso, pero aún así sabía que iba a necesitar algo que la contenga.

María tenía una enfermedad muy extraña que en este último tiempo la estaba desbastando.

Ingresé en la habitación y ella estaba en la cama, muy tranquila.

- ¿Podemos hablar? –Le pregunté.-
- Sí Pedro.

Cerré la puerta y me senté a los pies de su cama.

- ¿Qué pasa? –Me preguntó.-
- ¿Sabes por dónde viene la conversación, no?
- Lo supongo.
- No puedo más así… -Dije y suspiré.- Y no es por tu enfermedad, viene desde antes ya.
-Bajó su mirada.- Lo sé.
- Yo intenté Maru, te juro que lo intenté.
- ¿Me estás dejando, no?
- Sí. –Hice una pausa y se me llenaron los ojos de lágrimas.- Perdón, pero sí.
- Supuse que este momento iba a llegar… Y si no reacciono es porque no tengo fuerzas.
- Perdoname, lo que más quiero es que estés bien… Pero, también sé que estando así con vos te lastimo.
- ¿Estás con otra, no?

Y en ese momento no pude responderle.

- Era obvio Pedro, nunca estuviste enamorado de mí. –Dijo ya llorando.-
- Sí, estuve enamorado de vos.
- Pero, apareció otra mejor.
- No, no es así.
- ¿Y cómo es? ¡Porque no entiendo!
- No sé si está bueno que la conversación vaya para este lado.
- Necesito saber la realidad Pedro.
- ¿Qué realidad?
- ¿Hace cuánto estás con la otra?
- No importa eso.
- ¡Sí importa!
- No, no importa.
- ¡Pedro, decímelo!
- Años… -Dije con mi vista hacia abajo.-
- ¿Alguna vez me amaste Pedro?

Yo suspiré y posé mi mano en su hombro.

- Tranquila, te vas a poner mal y te va a hacer peor.
- ¡Ya estoy mal Pedro!

Y en ese momento, se levantó de la cama y comenzó a empujarme.

- ¡Andate Pedro! ¡Andate!
- Acostate que te va a hacer mal.
- Vos me haces mal. ¡Andate!
- Yo me voy, pero vos anda a la cama, dale.

-

Volví a mi casa luego del trabajo y me dí una ducha porque me sentía medio mal, me puse el pijama. Me preparé un té y me fui al living con mi celular, prendí la tele solo para que hiciera un poco de ruido y allí me quedé.

No tenía ganas de nada.
“Gorda. ¿Estás en tu casa?”

“Sí, ya estoy acá.”

“¿Sola?”

“Sí. ¿Por qué?”

“¿Puedo ir?”

“Pero… ¿Hoy?”

“Te necesito mi amor.”

“Está bien, te espero.”


-

Hacia días que había tenido esa charla con María que terminó con gritos por parte de su mamá y demás. En esos días no había hablando con Paula porque quería tener algo concreto para decirle, pero en ese momento la necesitaba más que nunca.

Pau me abrió la puerta y yo lo único que pude hacer fue abrazarla, llorando.

- ¿Qué pasa amor? –Preguntó.-
- No puedo más.
- ¿Pero qué pasó? –Preguntó cerrando la puerta.-
- Te necesito.
- Yo estoy acá mi amor. –Besó mi mejilla.- Veni…

Paula me llevó hasta su habitación y me acosté en la cama.

- ¿Queres un poco de agua? ¿Un té? ¿Algo?
- Agua.
- Ahora te traigo, tranquilo.

Ella besó mi frente y luego se fue a buscarme un vaso de agua, cuando volvió nos sentamos frente a frente y yo tomé un poco, dejé el vaso y Paula tomó mis manos.

- ¿Me podes contar qué pasa?
- Hace cuatro días hablé con María…
- ¿Cuatro días?
- Sí, para, no te enojes. –Suspiró.-
- ¿Por qué no me lo dijiste?
- Porque quería tener algo concreto, fue horrible, con María y con la mamá.

Pau secó mis lágrimas y me dí cuenta que estaba temblando cuando me soltó las manos.

- La internaron, anoche. –Dije con un hilo de voz.-
- Bueno, pero eso no es tu culpa.
- Sí, es mi culpa. La internaron porque no dejaba de llorar y eso le bajó las defensas.
- No, no es tu culpa mi amor. –Me besó.- Tranquilizate un poco, por favor.
- No puedo, porque todavía no te conté el final.
- ¿Qué pasó?

Yo me largué a llorar como un nene y no podía hablar.

- Falleció Paula, falleció. ¡Por mi culpa! ¡Yo la maté!

Pau suspiró y me abrazó por el cuello, arrodillándose frente a mí.

- Vos no mataste a nadie. –Dijo acariciando mi nuca.- Tranquilo mi amor, por favor.
- No sé cómo voy a convivir con esta culpa.
- No es tu culpa mi amor.
- Yo la dejé y la maté de tristeza.
- Pero antes, teniéndote como te tenía… ¿Era feliz?
- Por lo menos estaba viva.

Se separó un poco de mí, secó mis lágrimas y me besó.

- No es tu culpa mi amor.
- Sí, lo es.
- No… Vos no hiciste nada malo.
- La dejé y eso terminó de matarla. –Hice una pausa.- Y ya sé que de otra manera el mal te lo hubiese hecho a vos, de hecho te lo hice… -Suspiró.- Empecé haciendo todo mal cuando me enganché con vos.
- ¿Te arrepentís de haberte enamorado de mí?
- No, eso no.
- ¿Y entonces?
- Pero, hice todo mal.
- Perdón, pero eso no es noticia.
- Ya sé… Pero esto no tiene solución.
- Pero, ya va a pasar.
- No, la culpa no se pasa.
- ¡No es tu culpa Pedro!
- Sí Pau, no me discutas esto…
- No te lo discuto. –Suspiró.- Solo quiero que te sientas un poquito mejor.
- ¿Vos de verdad crees que no es mi culpa?
- Su enfermedad no lo es…
- Pero, la maté yo.
- ¡No Pedro! ¡Vos no la enfermaste!
- Pero le hice mucho mal.
- Veni mi amor…

Paula hizo que me acueste en la cama y ella se arrodilló en el suelo, frente a mí.

- Trata de tranquilizarte un poco amor, dale… -Dijo acariciando mi pelo.- Yo me quedo acá con vos.
- Te necesito mucho.
- Y yo estoy acá. –Besó mi frente.- Te amo. ¿Sabes?
- Te amo.
-Besó mis labios.- Dale, tranquilo.




-

Comenten, por favor ♥

domingo, 7 de febrero de 2016

Un poco rotos III.


- ¿Crees que es un tema para hablar ahora gorda?
- No sé, pero es una realidad.
- Yo te amo a vos y esa es la realidad.
-Suspiré.- En este momento la verdad es que no entiendo nada.
- Mmm… Tengo una idea.
- ¿Cuál?
- Nos ponemos la malla y nos metemos en la bañera un ratito.
- Pedro, dale.
- ¿Qué?
- Ya sé lo que queres y la verdad es que no me siento bien.
- Lo único que quiero es que te sientas mejor.
- Mmm…
- Sino, te hago cosquillas.
- ¡No, no! ¡Eso no!
-Rio.- Dale. ¿Vamos?
- Está bien.

Me besó y nos levantamos, nos pusimos nuestras mallas y llenamos la bañera de mi casa (que era bastante grande) con agua tibia.

Me hice un rodete en el pelo para no mojármelo y nos sentamos cada uno en una punta, cerré mis ojos y dejé caer mi cabeza hacia atrás.

- ¿Sabes qué imagino todas las noches cuando cierro los ojos?
- ¿Qué?
- Que estás conmigo. –Suspiré.- No sabes lo que me cambiaría la vida dormir con vos todas las noches.
- Cuando te quieras dar cuenta, nos vamos a dormir todas las noches juntos.
-Suspiré.- Ojala…
- Te lo prometo mi amor.
-Lo miré  me quedé algunos segundos en silencio.- Me muero de miedo.
- ¿De qué?
- De todo.
- Mientras esté cerca tuyo, no tenes que tener miedo de nada.
- ¿Sabes cuál es el problema?
- ¿Cuál?
- Te siento más lejos que nunca.

Pedro suspiró y tomó mi mano, entrelazando nuestros dedos.

- Quiero estar cerca tuyo toda al vida.
- Yo también, pero no así. –Hice una pausa.- Y hablemos de otra cosa porque me pongo monotemática.
- ¿Te sentís un poco mejor?
- Sí, un poco.
- ¿Solo un poco?
- Sigo sintiéndome agitada.
- Veni.
- ¿A dónde?
- Acá amor.

Yo reí me senté en sus piernas, frente a él y con mis piernas a los costados de su cuerpo. Pedro me abrazó por la cintura y yo lo abracé por el cuello.

- ¿Me escuchas una cosa? –Me besó.-
- ¿Qué? –Pregunté chocando mi frente con la suya.-
- Lo único que quiero en el mundo es que estés bien. –Dijo acariciando mi espalda.-
- Yo también quisiera estar bien.
- ¿De verdad sos capaz de perdonarme todo lo que te hice?
- Si de verdad la dejas a María, sí… -Suspiré.- Sos mi sostén, te juro que por vos sigo acá. –Lo besé.- No soportaría perderte por no poder perdonarte.
- Siempre en que pienso todo lo mal que te hago siento que no te merezco.
-Me encogí de hombros.- No lo sé, al fin y al cabo los dos estamos un poco rotos.
- ¿Un poco?
- Bueno, capaz bastante… -Hice una pausa.- Pero, todos estamos un poco rotos.
- Eso es cierto.
- Lo único que sé es que vos sos el único que calma un poco el dolor de mis heridas. –Hice una pausa.- Ya sé que suena contradictorio, pero es así.
- Quiero curarte las heridas toda la vida.
- Ojala sea así.
-Me besó.- Te amo, nunca lo dudes.
- Intento no dudarlo, yo también te amo.

Sentí sus manos subir lentamente desde mi cintura hasta mi nuca y suspiré en sus labios.

- No juegues con fuego Pedro.
-Rio.- Veni más cerquita.

Nos abrazamos con fuerza y acomodé mi cabeza en su hombro.

- Te juro que a pesar de todo, tus brazos siguen siendo el único lugar donde me siento segura.
- Siempre voy a estar para abrazarte mi amor.
- Quisiera que lo hagas más seguido.
-Suspiró y besó mi hombro.- Te amo mi vida.
- Yo también te amo mi amor.
- Te prometo que voy a tener muy presente lo que me dijiste porque me partió al medio que te sientas así.
- Mmm… Gracias, supongo.
- Y voy a hablar con María.
- No hablemos de ella ahora.
- Perdón.
- Prefiero concentrarme en sentirte, en recordar porque me enamoré de vos.
- Sos muy hermosa.
- Vos sos hermoso, a tu manera pero lo sos.

Los dos reímos y nos abrazamos más fuerte.

- Quedate un rato acá conmigo, por favor. –Supliqué en su oído.-
- Acá estoy mi amor, pero me parece que tenes un poco de frío.
-Reí.- Un poco.

Pedro abrió el agua y agarró el duchador, reguló la temperatura del agua para que esté tibia y comenzó a mojar mi espalda.

-Sonreí.- A veces sos tan tierno que me desarmas.
-Rio y besó mi cuello.- Relajate, dale.
- Gracias.
- Sh…

Después de un largo rato, yo levanté mi cabeza y le quité el duchador de las manos, cerré el agua y lo besé.

- ¿Me acompañas a un lugar?
- ¿A dónde gorda?
- ¿Me acompañas?
- Sí, pero decime a donde.
- Solo necesito que me acompañes.
- Está bien.

Después de un rato, estábamos los dos listos para salir en la puerta de mi casa.

- ¿Me decís a dónde vamos gorda?
- A lo de mi psicóloga.
- ¿Para?
- Hace meses quiere hablar con vos…
- Mmm…
-Reí.- No tengas miedo, es un amor.
- Sé que con vos me mandé las mil y una.
- ¿Te la bancas por mí? Por favor.
- Sí, obvio que sí.
- Tampoco lo hagas obligado.
- No amor, dale.
- Tenes una carita de pánico.
- Me va a acribillar.
-Reí.- Un poco te lo mereces igual. –Reímos y nos besamos.-

-

Y esa fue la realidad, su psicóloga me acribilló. Me puso literalmente entre la espada y la pared.

Pero, la charla que tuve con ella me sirvió mucho para darme cuenta de que lo que le estaba haciendo a Paula realmente la destruía y me sentía el peor del mundo.

Tenía que arreglar las cosas, urgente.

Habíamos ido nuevamente a su casa y ella se acercó a mí.

- Estás muy callado amor.
- Me dejó pensando mucho.
-Rio.- Siempre me deja así.

Se sentó a mi lado y posó sus manos sobre las mías.

- ¿Te mató mucho?
- Me hizo dar cuenta del mucho mal que te hago.
-Suspiró.- Si lo solucionas…
- Me está matando la culpa, me siento un pelotudo.
-Me besó.- ¿Me escuchas una cosa?
- ¿Qué?
- Lo que pasó… Ya pasó, está en el pasado y aunque siga doliendo, no lo podemos cambiar.
- ¿Y entonces?
- Si vos hablas con María y haces lo que tenes que hacer… -Suspiró.- Te juro que hago borrón y cuenta nueva.
- ¿Y todo el mal que te hice?
- Me la tengo que bancar, yo también tengo un poco de culpa en haberme enamorado de un tipo comprometido.
- Hice todo como el orto.
- Pero, te amo igual. –Me besó.-




sábado, 6 de febrero de 2016

Un poco rotos II.

Pau se despertó y yo no había logrado pegar un ojo en toda la noche.

- Buen día mi amor. –Dije acariciando su espalda.-
- Mmm… Buen día. –Dijo refregando sus ojos.- ¿Qué hora es? Qué raro que no te hayas ido.
- Son las diez de la mañana y te dije que hoy me quedaba con vos.
- ¿Justo hoy?
- ¿Por qué decís eso?
- Sigo con ganas de mandarte a la mierda.
- ¿Por eso dormimos juntos?
-Rio.- No sé por qué dormimos juntos.
- Yo sí lo sé.
- ¿Por qué?
- Porque nos amamos.
- Ponele. –Dijo levantándose.- ¿Queres desayunar?
- Si vos queres.
- Ahora preparo café y traigo unas galletitas.

Paula se levantó y como se fue al baño, yo me encaminé hacia la cocina y comencé a preparar el desayuno.

- No hacia falta. –Dijo acercándose.-

La abracé por la cintura y le dí un beso.

- No me gustó ni un poco lo que me dijiste anoche.
- A mí tampoco, pero es lo que siento.
- Bueno, por eso… -Dije acomodando su pelo.- Quiero poder revertirlo.
- Sabes muy bien que tenes que hacer para revertirlo.
- Y vos sabes muy bien que ella está enferma.
- ¿Yo no?
- No es lo mismo gorda.
- Siempre la pones a ella encima, que lo mío sea psicológico y lo de ella físico no nos hace estar en distintos niveles eh.
- Se está muriendo Paula.
- Y yo también, solo que vos no lo notas.

Se separó bruscamente de mí y se puso a batir café.

- No, para un poco. –Dije parándome detrás de ella y sacándole la taza de su mano.-
- ¿Qué pare que?
- Con esto gorda, para. –Dejé la taza en la mesada e hice que ella se diera vuelta.-
- Vos no lo notas, pero yo todos los días me apago un poco. –Suspiró.- Lo que tengo no es joda y lo sabes muy bien.

Yo suspiré, asintiendo.

- No es un capricho, vivo a base de pastillas que dentro de poco me alivianan un poco todo, pero sabes muy bien lo que me pasa… Sabes muy bien que me enamoré de vos y si no hubiese sido correspondido, está bien, me la bancaba… ¡Pero vos también hiciste que me enamore de vos! Y para colmo, me haces creer que vos estás enamorado de mí cuando no es así.

Y no la dejé seguir hablando, porque la besé.

- Estoy perdidamente enamorado de vos.
- Yo no siento que sea así.
- Me siento entre la espada y la pared, todo el tiempo.
- Perdón, pero no soporto más esto y si no te presiono no se va a terminar nunca.
- ¿Qué queres que haga?
- ¡Que la dejes Pedro!
- No puedo.
- ¿Entonces me haces mierda a mí? ¿Ves lo que te digo? Si estuvieses enamorado de mí, me cuidarías un poco más.

Paula se dio vuelta y comenzó a buscar cosas en su alacena.

- ¿Qué haces?
- Tranquilo que solo estoy buscando mis pastillas, no vas a tener que bancarte ningún ataque si es lo que te preocupa.

Se tomó sus pastillas y se fue a la habitación.

Caminé algunos pasos hacia atrás y dejé que mi cuerpo se apoyara contra la pared cuando comencé a escuchar ruidos en la habitación, suspiré y corrí hacia allá.

Paula estaba desarmando la cama desesperada, acabo por sacar el colchón de la cama y casi rompe una lámpara. Me acerqué a ella con cuidado y la atajé en mis brazos antes de que cayera al suelo.

- Tranquila gorda, tranquila. –Dije abrazándola y acariciando su pelo.-
- ¡Andate Pedro! ¡Andate!
- Sabes muy bien que no te voy a dejar sola estando así. –Besé su frente.-
- Me haces mierda.
- Si cuando te tranquilizas queres que me vaya, me voy… Pero así no te voy a dejar porque te podes lastimar, no seas terca. Dale.

Ella no dijo más nada, yo acomodé el colchón en la cama con una de mis manos e hice que nos acostáramos allí, estando abrazados.

Paula pasó horas (en sentido literal) llorando y temblando.

- Perdón. –Dijo sentándose.-
- No, no tenes que pedir perdón. –Dije sentándome también y sequé sus lágrimas.-
- No sé cómo seguís aguantándome.
- Porque te amo con locura gorda.
-Suspiró.- Voy a lavarme la cara y vengo.
- ¿Vas sola?
- Sí, tranquilo.

Se levantó y se fue, yo acomodé un poco y la esperé allí.

- ¿Queres comer algo? –Le pregunté.-
- Sí, y seguro vos morís de hambre.
- ¿Te quedas acá que preparo algo?
- Si queres te ayudo.
- No, dale… Quedate acá, ya vengo.
- Está bien, gracias.
-Besé su frente.- Nada que agradecer.

Preparé unos sándwiches con unos vasos de gaseosa y fui hasta la habitación, comimos casi en silencio y luego ella se acostó.

- Perdón, no te mereces esto tampoco. –Me dijo.-

Hice que apoyara su cabeza en mis piernas y comencé a jugar con su pelo.

- Yo te prometo que voy a hacer todo lo que sea necesario para que dejes de sentirte así.
- Mientras siga siendo la segunda.
- Voy a hablar con María.
- Me dijiste eso muchas veces…
-Suspiré y acaricié su frente.- Pero, no quiero que sigas sufriendo así.
- ¿No te da miedo?
- ¿Qué?
- Que alguna de las dos termine peor…
- Ella está contenida por su familia.
- Pero, vos sos su novio.
- Un novio que no la ama y está con ella por… Lástima.
-Suspiró.- Es muy horrible esto Pedro.
- ¿Me das un tiempo? Yo te prometo que voy a solucionar todo.
- Repito: escuché esto muchas veces.
- Pero nunca me dijiste todo lo que a vos te pasa.
- Creí que lo habías notado solo.
- Seré muy poco perceptivo, porque de verdad que no.
- No confío mucho en que haber hablado cambie las cosas.
- ¿En mí no confías?
- Eso intento, te juro.
- Intentalo una vez más, esta vez no voy a defraudarte.
- Eso espero.
-Besé su frente.- Te amo gorda, con todo mi alma. –Besé su nariz.- Así, tal cual sos.
- ¿Estás segura de que amas a una enferma como yo?
- A una mujer como vos.
- Soy más nena que mujer.
- No mi amor, no.
- Yo me siento así, no puedo controlar lo que me pasa y eso le pasa a uno cuando es chico.
- Mmm… No me parece que sea así, somos humanos y todos tenemos un momento en donde no podemos controlar nuestras emociones.
- No como yo.
- Vos tenes un problema.
- Una enfermedad.
- Como quieras llamarlo, pero que tarde o temprano vas aprender a controlar.
- Llevo interminables años así.
- ¿Me contestas con sinceridad algo?
- Sí.
- Vos crees que si de verdad yo arreglo las cosas y ponele que vivimos juntos… ¿Mejorarías?
- Mi psicóloga dice que sí… Y en cierto punto yo también lo creo. –Hizo una pausa y suspiro.- Igual, no es novedad que no me hace bien esta situación.
- A mí tampoco me hace bien.
- Aún así. ¿Estás seguro?
- ¿De qué?
- De dejarla a ella y quedarte conmigo.
- Muy seguro.
- Conmigo nunca vas a poder ser papá… -Dijo angustiada.-




-

Aquí el segundo capítulo de este corto, espero que les guste y comenten ☺

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viernes, 5 de febrero de 2016

Un poco rotos I.


Salí de encima de su cuerpo agitada y me tapé con la sábana, cerré mis ojos y suspiré.

Nos quedamos un rato en silencio hasta que sentí su mano en mi hombro.

- ¿Qué pasa gorda?
- No preguntes cosas que ya sabes.

Se metió por debajo de la sábana y comenzó a besar mi cuerpo.

- No, dale Pedro.
- ¿Qué? –Preguntó apoyando su cabeza en mi brazo.-
- Que basta.
- ¿Por qué?
- Porque sí.

Pedro se acostó a mi lado y quedamos frente a frente.

- No soporto tener que compartirte.
- Yo te amo a vos.
- Pero… Seguís con ella.
- Sí, ya sé.
- Perdón, pero no sé cuánto tiempo más puedo pilotear esto.

Me senté en la cama mientras me ponía mi bata y me crucé de brazos.

- Dale gorda, no te pongas así.
- Pedro, dale.
- ¿Qué?
- No soy un robot, no soy solo una mina que quiere garcharte.
- No digas eso, no sos eso.
- Es lo que me haces sentir, lo único que hacemos cuando nos vemos es garchar. ¿Vos te crees que no te necesito?
- No amor, no. –Dijo queriendo acercarse a mí y yo me corrí.-
- Amor nada. –Le dije enojada.-
- No te enojes.
- Tarde, ya me enojé.
- ¿Por qué?
- ¡Porque no soy tu putita Pedro!

Me levanté al borde del llanto de la cama y corrí hasta el baño, en donde me encerré.

- Amor, abrime.
- ¡Deja de decirme amor!
- Es lo que sos, mi amor.
- No Pedro, no confundas las cosas.
- No confundo nada.

Abrí la puerta llena de bronca y me asomé para poder mirarlo, las lágrimas ya saltaban de mis ojos.

- Sí, confundís. Me haces creer que me amas cuando solo me queres cerca porque conmigo tenes buen sexo.
- ¡No es así Paula!
- Sí, es así. –Suspiré.- Por algo nunca dejas a tu mujer, si no te la jugas por mí es porque no me amas.
- Yo te amo y lo sabes muy bien.
- ¿Entonces por qué lo único que haces es buscar todo el tiempo coger?
- No es así.
- ¡Es así Pedro! ¿Recién cómo trataste de aflojarme?

Él bajó su mirada y suspiró.

- ¿Ves? ¡La única manera de la que sabes tratarme es esa!

Quise cerrar la puerta, pero él me lo impidió.

- Para un poco Pau.
- No, no puedo parar porque me vengo tragando esto hace meses y no lo aguanto más.
- ¿Podemos hablar bien?
- Estamos hablando bien.
- Pau, dale. –Tomó mi mano.- Veni, vamos a hablar al cuarto, tranquilos, como dos personas grandes.
- No sé si quiero.
- Dale gorda, veni.
- Me vas a aflojar y no es lo que quiero.
- ¿Por qué decís eso?
- ¿Para qué vamos al cuarto?
- ¿Queres que vayamos a otro lado?
-Suspiré.- No, está bien.
- Lavate la cara, tranquilizate un poco y veni. –Dijo y acto seguido besó sentidamente mi frente.-
- Ahora voy.
- Te espero, dale.

Pedro se fue y yo cerré la puerta, suspirando. Lo único que tenía en claro era que quería decirle todo lo que sentía, no soportaba más con tanta angustia adentro.

Me lavé la cara varias veces y me hice una colita en el pelo, acomodé mi bata, atándola y salí de la habitación.

Luego, pasé por la cocina a tomar un poco de agua y recién en ese momento, volví al cuarto. Pedro estaba sentado en la cama, con sus piernas cruzadas y con un short. Me senté frente a él, en la misma posición.

- ¿Estás un poco más tranquila?
- Sí, pero eso no quiere decir que terminé.
- Yo te escucho, pero si te tranquilizas… Sabes muy bien que ponerte así no te hace bien.
- Que me tengas de amante tampoco me hace bien Pedro.
- Lo sé.
- ¿Sabes qué siento? –Y tomé aire para poder decirle lo que más me dolía.- Que vos me tenes acá, así, como la minita que te garchas por el problema que tengo… Sabes muy bien que para mí es imposible tener hijos, entonces claro, la pasas bien un rato y no corres ningún riesgo. –Hice una pausa y comencé a temblar.- De verdad que me siento como tu putita y no lo aguanto más.

Pedro tomó mis manos y noté sus ojos llenos de lágrimas.

- No es así.
- Lo siento así.
- ¿Puedo darte un abrazo?
- Me haría muy bien.

Él me abrazó y me quebré allí, en sus brazos.

- ¿Te das cuenta que nunca me abrazas? ¿Qué nunca me das un beso que no esté lleno de ganas de llevarme a la cama? ¿Qué nunca me mimas? ¡Y encima de todo eso ni siquiera soy tu mujer!
- Sh… Sos mucho más que mi mujer.
- No Pedro, no me vas a convencer así.
- ¿Podes tranquilizarte un poco?
- No, no puedo.
- Dale gorda.
- ¿Sabes qué es lo peor de todo? ¡Que me hago mierda yo sola! –Suspiré nerviosa.-
- Dale, tranquilizate.

Me separé de él secando mis lágrimas.

- ¡Te digo que no puedo!
- Te va a hacer mal gorda, dale.
- ¡Vos me haces mal Pedro!
- ¿Queres que me vaya?
- ¿Ves que no entendes nada?
- ¿Qué tengo que entender?
- Que quisiera que me trates como a tu mujer, que me contengas, que estés conmigo, que me cuides… ¡No que solo me uses para tener un orgasmo y ya!

Él suspiró y acarició mi mejilla.

- Veni, acostate.
- ¿Qué queres?
- ¿Te acostas?

Yo suspiré y me acosté dándole la espalda, él se arrodilló en el suelo, frente a mí y corrió el pelo de mi cara.

- Te juro que nunca me dí cuenta que te sentías así.
- O soy muy buena disimulando o vos sos flor de pelotudo.
-Besó mi sien.- Para un poco gorda.
- No puedo, tengo esto acumulado hace meses.
- No quiero que te dé un ataque.
- Yo tampoco, pero vos me pones así.
- Cerra los ojos y trata de tranquilizarte.
- No quiero que esta charla quede acá.
- Podemos seguir hablando después, ahora lo importante es que te tranquilices.

Y aunque me diera bronca, tenía que darle la razón. Siempre que me angustiaba me daban unos ataques bastante horribles en los que no me reconocía ni yo, en medio de esos ataques había roto hasta vidrios de ventana.

Sí, llevo años yendo al psicólogo… Y cuando me detectaron esa maldita enfermedad que me lleva a no poder tener hijos fue la gota que rebalsó el vaso.

Pedro intentaba ser una balsa en medio de ese océano, pero la verdad es que estaba bastante quebrada.

Después de un rato ya estaba más tranquila y sentí sus dedos paseándose por mi cuello.

- Gorda. ¿Me escuchas?
- Sí. –Suspiré.-
- Podes decirme lo que quieras y si te sentís así, sé que es mi culpa… Pero, por favor, no dudes de que te amo con locura.
- A veces lo dudo. –Dije con un hilo de voz.-
-Besó reiteradas veces mi cuello.- Te amo mi vida, te amo.
- Quisiera sentirlo.
- ¿Me dejas acostarme con vos?
- Sí, veni.

Pedro se acostó a mi lado y me abrazó, a pesar de todo, seguía sintiendo que sus brazos eran el único lugar seguro.




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¡Hola a todos! Nuevo corto, 6 capítulos... Espero que les guste ☺