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viernes, 8 de enero de 2016

Hacer lo que sentimos VII.



La busqué, por todos lados. Pero, no logré encontrarla.

Volví varias veces al cabaret, pero me dijeron que no sabían que había sido ella.
“Como si se la hubiera tragado la tierra” decían.

Intenté buscarla en Internet, pero no sabía su apellido. Fue en vano. Muy en vano.

Hoy hacía tres meses de esa última vez y no entendía por qué no podía sacarla de mi cabeza.

¿Tanto me había flasheando esa mina? Y la respuesta era: Sí, tanto.

El día que se fue, descubrí que en el baño se había olvidado su remera usada y allí la tenía, debajo de mi almohada, para dormirme sintiendo su olor, ese tan adictivo para mí.

Intentaba pensar en otra cosa, mirar a otras chicas… ¡Pero en todas encontraba algo de Paula! Era extraño, pero real.

Acomodé un poco mi casa, me quedé en bóxer y me metí en mi cama. Busqué su remera debajo de mi almohada y la dejé sobre mi cara. Inhalé profundo y me inundé de su olor. Cerré mis ojos y la imaginé delante de mí, la imaginé caminando con una sonrisa hacia mí y cayendo sobre mi cuerpo, para besarnos como si el mañana no existiese.

Mis manos la recorrían de punta a punta y mi lengua se encontraba con la suya. Suspirábamos y nos disfrutábamos.

Pero… Eso solo existía en mi mente.

Quité su remera de mi cara y la apoyé sobre mi almohada, para poder dormirme sintiéndola.

-

Había costado bastante, pero lo hice. Desaparecí, de un día para el otro y de todos lados. Bah, como si me conocieran en muchos lugares. ¿No?

Usé mis ahorros para viajar, no muy lejos, pero necesitaba alejarme. Era diciembre, asique me dirigí a la costa, en donde trabajé todo el verano en un local de juegos. Eso me permitió ahorrar bastante y por primera vez, sentirme digna con mi trabajo.

Pero… La temporada terminó y no había mucho más que hacer allí.

Había sido uno de los veranos más raros de mi vida, lo había disfrutado muchísimo, pero no podía sacarlo de mi cabeza. ¡Ni aunque hiciera la vertical!

Probablemente él ya ni me recordaba y estaba bien que así sea, solo fui una minita más que pasó por su cama, pero… Para mí él había sido tan especial.

Él fue el primer hombre que me trató como a una mujer y no, no podía olvidar eso. No podía olvidarme de su sonrisa, ni de sus ojos. No podía dejar de recordar lo hermoso que era sentir sus caricias en mi espalda o sus labios sobre los míos.

¡No podía cerrar mis ojos y no imaginarlo! Me sentía una completa idiota.

Me arrepentía de no haberle pedido, al menos su apellido, para poder localizarlo por algún medio… Sí, tenía la dirección de su casa, pero me daba pudor ir allí.

Como dije, seguramente él ya me había olvidado.

En fin, era momento de volver a Buenos Aires. Sin trabajo y sin casa. Esa era la realidad.

Alquilé una pensión, para quedarme allí al menos hasta que consiguiera algún trabajo. Pasé el primer día recorriendo negocios y nada… ¡Bienvenida a la realidad Paulita!

Sin darme cuenta (o sabiéndolo inconscientemente) terminé en la ciudad donde él vivía. Me bajé en la esquina de su edifico y suspiré profundamente, me senté en la esquina y saqué un cuaderno y una birome de mi bolso.
“Hola Pedro… Te estarás preguntando quién soy (y quiero que sepas que yo me pregunto quién soy todos los días). Soy Paula, o Roxy… O como prefieras, no sé. Seguramente ni te acuerdes de mí, pero yo sí me acuerdo de vos, es raro, pero ese día que pasamos juntos me hizo muy bien… Que me hayas dejado hacer lo que sentía por un día fue como si me hubieses desvenando los ojos.
Me animé y dejé todo, me fui todo el verano a la costa y estuve trabajando en un local de juegos. Fue la primera vez que me sentí bien en un trabajo y fue genial.
Ahora no me quedó otra que volver, llegué hace algunas horas y ya estoy buscando trabajo. También voy a anotarme para terminar el secundario…
Y nada, quería agradecerte. Sé que fui una minita más, pero en mí dejaste una huella.
Gracias, en serio. Te quiero.
Paula, o Roxy.
PD: Te dejo mi celular, por si queres responderme, aunque si no lo haces no me voy a enojar. Te entiendo.”

Metí la carta en un sobre improvisado y se la dejé al portero. Confié en él, parecía buena gente.

Luego, continué mi camino. Debía inscribirme en la escuela nocturna.

-

Llegué de trabajar completamente agobiado y me sorprendí al ver un sobre debajo de mi puerta, me extrañó porque no tenía ningún tipo de remitente. En fin, lo dejé sobre el sillón y me fui a bañar porque no podía estar tan transpirando.

Me serví un vaso de agua y me dirigí al living para prender la tele, pero me senté sin querer sobre aquel sobre.
“Uy, cierto.” Pensé.

Dejé el vaso de agua a un lado y abrí el sobre. No podía creer lo que leía. ¿Paula? ¿Mi Paula? Una sonrisa inmensa se dibujó en mi rostro y no me daban las manos para agendar su celular y responderle. Le envié un audio.
“¿Cómo me voy a olvidar de vos? ¿Estás loca? ¡Me encantaría volver a verte! Creeme que te pensé todos los días de este verano. Me alegra mucho saber que estás tan bien y que pude dejar una huella en vos. Te aseguro que vos también la dejaste en mí.”

“¿Puedo ir a tu casa? Perdón si soy muy mandada.”

“Te voy a estar esperando…”

Sonreí y me puse de pie al instante, ordené mi casa lo más rápido que pude y cuando sentí el timbre fui corriendo literalmente hasta a puerta.

Ni bien la abrí, no necesitamos más de medio segundo para unir nuestros labios en un beso infinito.

- Hola hermosa… -Susurré.-
-Sonrió.- Hola lindo.

Cerré la puerta besándola y la estampé contra la misma.

- Ay, no puedo creer tenerte acá otra vez. –Dije sin dejar de besarla.-
-Rio.- Y yo no puedo creer estar acá otra vez. –Me besó.-
- Te extrañé demasiado. –Confesé.-
- ¿De verdad?
- Te lo juro.
-Sonrió.- Yo también, pero pensé que era la única loca.

La abracé con fuerza por la cintura y la miré fijo a los ojos.

- Me enamoré de vos Paula.
-Suspiró como aliviada.- Y yo de vos Pedro, me tenes hasta las manos.

Reímos y volvimos a besarnos. No hacía falta decir más nada.

La dirigí hasta mi habitación e hice que cayera en la cama, yo sobre su cuerpo y sin dejar de besarla.

- Mira… -Dije buscando su remera debajo de mi almohada.- Dormí todas las noches con vos.
-Rio.- ¿Me jodes?
- Te juro que no.
- Ay, te quiero chapar entero.
- Chapame, te juro que no me niego.

Ella sonrió y dio media vuelta, para quedar sobre mí.

Y entre besos, me dejó completamente desnudo.

- Te extrañé más de lo que pensaba… -Dije tratando de volver en sí luego de que me había hecho enloquecer.-
- Mmm… Pero, yo sigo vestida.
- Como me tentas nena…  -Dije acariciando su abdomen.-
- Es la idea.
- ¿Es la idea?
- Ajam.

E hice lo mismo que ella hizo conmigo, la desnudé entera, la llené de besos y la enloquecí. Amaba hacerlo.

La cama ardía, su cuerpo estaba sobre el mío, nuestra piel transpiraba. No dejábamos de demostrarnos cuánto nos habíamos extrañado.

Cayó a mi lado, con sus ojos cerrados y buscó mi mano. Entrelazamos nuestros dedos y suspiró profundo.

- No te vayas nunca más. –Susurré en su oído.-
- No, no quiero irme más.

Besé su cuello y ella sonrió.

- Quedate, cerca de mí.
- Acá estoy mi amor. –Susurró.-





martes, 5 de enero de 2016

Hacer lo que sentimos VI.


Hacia un largo rato que Pau estaba allí y yo paseaba las puntas de mis dedos por su cara y la llenaba de besos.

- Creo que me voy a quedar dormida acá. –Rio.-
- ¿Y qué problema hay con eso?
- No da.
- Deja de pensar tanto en lo que da o lo que no, en si encajas o no… Pensa en lo que queres hacer.
- Mmm… ¿Te soy sincera?
- Por favor.
- Chaparte.

Se levantó y se sentó frente a mí, muy cerca. Me tomó por la nuca y me besó.

- Ay, sos muy linda. –La tomé por la cintura y la besé.-
- Vos sos lindo. –Sonreímos y nos besamos.-

Y sí, pasamos un largo rato sin aburrirnos de unir nuestros labios.

- ¿Ves que es mejor hacer lo que sentís?
- No estoy acostumbrada… Más bien hago todo el tiempo lo que no quiero.
-Corrí el pelo de su cara.- Hoy podes hacer lo que sientas.

No dijo nada, solo volvió a besarme y me abrazó, escondiendo su cara en el hueco de mi hombro.

- ¿Esto es lo qué sentís ahora?
- Sí. –Dijo abrazándome más fuerte.-
- Me encanta, porque siento lo mismo. –Besé su mejilla y ella sonrió.-
- ¿Puedo quedarme?
- Te suplico que te quedes.

Nos abrazamos aún más fuerte y allí nos quedamos, hasta que sentimos un pelotazo encima nuestro y reímos. Les devolví la pelota y cuando me dí vuelta, Paula ya no estaba en el banco.

- No, no te levantes.
-Rio.- Ya me levanté.
- ¡No vale!
- ¿No vale?
- ¡No!

Comencé a caminar hacia ella y ella caminó hacia atrás, posé mi mano detrás de ella cuando vi que estaba por chocarse contra un árbol y frené el golpe que sino iba a sufrir su cabeza.

Me acerqué con mi cuerpo a ella y la besé.

- No tenías que levantarte.
- Bueno, pero ya está.
- ¿Ya está? –Pregunté haciéndole cosquillas.-
- ¿Qué haces Pedro?
- ¡Hago que te rías!

E intensifiqué mis cosquillas, hasta que terminamos los dos tirados en el pasto, llorando de risa.

Nos quedamos un rato allí, al sol, hasta que comenzamos a tener calor, asique cambiamos nuestro rumbo.

- ¿Puedo hacerte un regalo?
- ¿Un regalo Pedro?
- Sí, por favor.
- Mmm… Ya estás haciendo mucho por mí.
- Puedo hacer más.
- No sé.
- Dale, porfas. –Dije haciéndole pucherito y ella rio.-
- ¿Qué?
- Acá cerca hay un local de ropa que es re lindo…
- ¡No Pedro! ¡No quiero nada!
- Solo un regalo.
- Me da cosa.
- Mira si después de este día, decidís que no nos vemos más… Quiero que te quede algún recuerdo mío.
- Mmm…

La tomé por las manos y no la dejé pensar, comencé a caminar haciendo que me siga.

La convencí y le compré un pantalón, tres remeras y una campera.

- Esto es muchísimo. –Dijo saliendo del negocio.-
- No, no es nada.
- Para mí es demasiado.
-Besé su mejilla.- Me gusta regalártelo.
- Gracias, en serio.
- No es nada. ¿Volvemos a mi casa?
- Mmm… Bueno, dale.

Le dí un beso y comenzamos a caminar hacia mi auto. Volvimos a mi casa y allí merendamos algo.

-


Estábamos hablando hacia un rato largo, pero… Me moría por hacer otra cosa.

Lo tomé por la nuca y lo besé.

- Mira, no sé qué va a pasar después de hoy… -Suspiré.- Pero, si no volvemos a vernos, creo que me gustaría pasarla bien con vos en la cama por última vez.

Y sí, fui sincera. Pedro me tomó por la cintura y bajó con sus manos hasta mi cola.

- No, no me digas que es la última vez. –Dijo puchereando.-
-Reí y lo besé.- No lo sé… Por eso, quiero disfrutarla.

Mis labios bajaron por su cuello y mordí su oreja. Él sonrió y presionó mi cola con sus manos, haciendo que me suba a su cuerpo. Estábamos sobre el sillón. Me acerqué a él, hasta quedar sentada en su cuerpo y rodearlo con mis piernas.

- No puedo creer que estés tan buena, y perdón la sinceridad.
-Reí.- Mejor callate y convenceme.
- ¿De qué tengo que convencerte?
- De que no va a ser la última vez.

Pedro sonrió pícaro y me besó mientras acariciaba mi espalda por debajo de mi remera, subió hasta la tira de mi corpiño y tiró de allí.

- ¡Aia! –Me quejé y mordí su labio.-
- ¡Aia vos! –Reímos y volvimos a besarnos.-

Comenzó a quitar mi remera y levanté mis brazos, para ayudarlo en la tarea. Volvió a abrazarme por la espalda e hizo que volvamos a besarnos, esta vez me dejó sin aire. Literal.

Y no sé qué tenía, pero cuando estaba así con él no pensaba en nada más.

Sus manos subieron nuevamente por mi espalda y sonreí al sentir que estaba desabrochando mi corpiño, el cual quitó rápidamente. Corrió el pelo de mis hombros con su nariz y con su lengua recorrió mi cuello y mis clavículas, subió por detrás de mis orejas y bajó por mi esternón, para pasar por mis lolas y humedecerlas por completo, mientras yo sostenía su nuca y suspiraba con fuerza, disfrutando de lo que él hacía en mi cuerpo.

Lo sentí morderme y me quejé en su oído, pero con un dejo de placer. Lo hizo varias veces y yo lo disfrutaba.

Quité su remera y la dejé caer en el suelo, lo hice caer sobre el sillón e hice lo mismo con él. Recorrí su pecho con mi lengua y mordisqueé suavemente su piel.

Me dejé caer sobre su cuerpo y lo besé…

- ¿Por qué sos tan hermosa? –Susurró en mis labios presionando mi cola.-
-Sonreí.- ¿Y vos? ¿Por qué tan hermoso?

Nos sonreímos y volvimos a besarnos. Sentí sus dedos clavarse en la cintura de mi pantalón y lo ayudé, levantando un poco mi cadera para que pueda desabrocharlo y así lo hizo, primero el botón y luego el cierre.

Hizo que me acostara hacia el otro lado y quitó mi pantalón. Comenzó besando mis pies y bajó, también con besos, por todas mis piernas, mientras sus manos traviesas comenzaban a acariciarme en aquel lugar clave. Mis ojos se mantenían cerrados, solo lo disfrutaba. Sentí sus manos terminando de desnudarme y sonreí, volvió a mi boca y bajó con besos muy húmedos por el centro de mi cuerpo.

La puta madre, no podía hacerme sentir tan bien con tan solo su boca.

Desabroché sus pantalones y clavé mis dedos en su cintura, para quitar toda su ropa de una. Buscó un forro y se lo puso.

Ya estaba encima mío, me besó y se me quedó mirando algunos segundos…

- ¿Qué pasa? –Susurré agitada.-
- No va a ser la última.

Clavé mis dedos en su espalda y lo obligué a comenzar.

- No sé si es la última, pero hacelo. –Mordí su labio y él sonrió.-

Después de un rato, ya me había cambiado y tenía mi bolso y los regalos en mis manos.

- La pasé muy bien hoy, gracias por los regalos. –Lo besé.-
- ¿Nos vamos a volver a ver?
-Suspiré.- Te juro que no lo sé.
- No quiero que te vayas.
- Tengo que irme…

Y no lo dejé seguir hablando, porque le dí un último beso y me fui corriendo.




Hacer lo que sentimos V.


Me desperté y sonreí al verla dormir a mi lado. Acaricié su pelo y ella se movió.


- No, shh… -Besé su frente.- Seguí durmiendo.



Y ella no respondió, yo reí. Me levanté y luego de pasar por el baño, fui a preparar un desayuno. Lo hice lo más completo que pude: sándwiches de jamón y queso, galletitas de varios tipos, tostadas, pochoclos, café y jugo de naranja. Tomé la bandeja y volví a mi habitación. Dejé las cosas a un lado y me senté a su lado.

- Buen día… -Susurré en su oído.- Pau… -Besé su cuello y ella sonrió.- Buen día.

Ella se despertó de golpe y me miró extrañada.

- ¿Pedro? 
-Reí.- Sí, Pedro…

Se sentó y refregó sus ojos.

- Tranquila che.
- Ay, perdón. No entendía nada.
- Te dormiste en mi casa.
- Sí, ahora me acuerdo. –Dijo acomodando su pelo.- Perdón.
- No tenes que pedir perdón, yo te pedí que te quedaras. Traje para desayunar.
- Mmm… No quiero incomodar.
- No incómodas.

Acerqué la bandeja a nosotros.

- Wow, creo que no desayuno todo eso desde antes de nacer. –Rio.-
- Podes comer lo que quieras.
- Gracias.

Pau agarró un sándwich y comenzó a comerlo. Desayunamos juntos hablando de nada en particular y cuando la bandeja quedó casi vacía, la corrí a un lado y me tiré sobre ella para llenarla de besos.

- ¿Qué haces? –Rio.-
- Te lleno de besos. ¿Está mal?
- Mmm… Acabo de levantarme.
- ¿Y?
- Soy un desastre, debo tener mal aliento.
- No, sh… -Dije besando su cuello.- Sos hermosa.
- Gracias, pero frena. En serio.

Se separó de mí y se sentó en la cama.

- ¿Por qué? 
- Porque sí. –Suspiró.-
- ¿Me das alguna razón?
- Que el cuento de hadas se termina en un ratito y ya está.
- ¿Cuento de hadas?
- Estar para mí acá es como un cuento de hadas, ya voy a volver a convertirme en calabaza.
-No pude evitar reír.- No, no se va a terminar.
- Pedro, me trajiste acá para tratar de garcharme, no pudiste… Ya está. Fin.

Yo no le dije nada, tan solo la tomé por las mejillas y la besé.

- No pienses en eso… -Volví a besarla.- Quería proponerte que pasemos el día juntos.
- ¿Haciendo? –Preguntó extrañada.-
- Lo que pinte.
- Mmm…
- Dale, por favor.
- No sé Pedro.
- Solo este día… Si la pasas mal o no queres verme más, te prometo que no te molesto más.
- No, ya está. En serio.
- Te estoy pidiendo solo un día. ¿Hoy qué tenes que hacer?
- Nada.
- ¿Y entonces?
- Mmm…
- Dale. –La besé.- Podes ir a bañarte si queres, así después hacemos algo.
- ¿De verdad?
- De verdad.

Ella estaba dudosa, pero la agarré por su abdomen y empecé a llenarla de cosquillas.

- ¡No vas a negarte!

Le dí un beso y le alcancé su bolso.

- Por si necesitas algo…

Ella sonrió, agarró su bolso y se metió en el baño. Yo fui al otro baño, también para bañarme.

-

- ¿Ya estás? –Preguntó entrando en su habitación.-
- ¿A dónde vamos a ir?
- Ni idea. ¿Por?
- No tengo más ropa.

Yo tenía el mismo jean y las mismas zapatillas, con otra remera que tenía en mi bolso.

- No vamos a ir a ningún lado en donde te sientas incómoda.
- Mmm…
- Te lo prometo. –Se acercó a mí y me dio un beso.-
- ¿Puedo ir así?
- Obvio, estás hermosa.
- No te creo.
- En serio.
- Ponele. –Reí.-

Me besó y sonreímos. Salimos de su habitación, él me tomaba por las manos y así me llevó hasta su auto.

- ¿Me decís a dónde vamos?
- ¿A dónde queres ir?
- No sé, no conozco por acá.
- ¿Al río?
- Podría ser…
- ¿Entonces sale río?
- Dale.

Pedro puso la radio y fuimos escuchando música y charlando hasta el río. Cuando llegamos, Pedro compró unos sándwiches, gaseosas y manzanas con caramelo y pochoclos.

Almorzamos sentados cerca de la orilla… Y me sentía rara, pero bien. Tiramos los restos en un tacho y Pedro me abrazó por la espalda.

- Pedro… -Dije riendo.-
- ¿Qué?
- ¿Qué se supone que estamos haciendo?
- Pasándola bien un rato. –Dijo llenando de besos mi cuello.-
- ¿Sí?
- Sí… ¿O no?
- Mmm…
- Dejate llevar un poco.
- ¿Venís?
- ¿A dónde?
- Sentate.

Nos sentamos frente a frente en un banco de allí.

- Te soy sincera, la paso muy bien con vos, pero… Yo no soy una mina común.
- ¿Qué tenes de no común?
- Muchas cosas, por empezar una doble vida.
- Me gustas así Pau.
- ¿A vos quién te gusta? ¿Paula o Roxy?
- Paula, vos sos Paula.
- No… Soy las dos.
- ¿Roxy no es Paula?
- No sé, quisiera que Roxy no exista.
- Podes hacerla desaparecer.
- ¿Cómo?
- Si te lo propones, podes hacerlo…
- Repito: ¿Cómo?
- Puedo ayudarte si queres.
- Casi ni nos conocemos.
- ¿Y? Me gustaría ayudarte.
- Ya no puedo salir de ahí.
- ¿Por qué?
- Porque una vez que entras…
- ¿Y no me dejas ayudarte a salir?
- No sé…

Suspiré y tapé mi cara con mis manos. Pedro me abrazó por el cuello e hizo que me acueste en el banco, con mi cabeza en sus piernas.

- Relajate y pensa… Pensa en que las cosas pueden mejorar.
- Lo dudo.

Sentí sus dedos comenzando a masajear mis sienes.

- Ni siquiera terminé el secundario Pedro.
- Estás a tiempo de hacerlo.
- No, ya no…
- ¿Cómo qué no? –Besó mi frente.-
- No. –Suspiré y cerré mis ojos.-
- A mí me parece que a vos te falta un poco de positividad.
- ¿Un poco nada más? –Reí.-
- Sos muy linda. ¿Sabías?

Y me besó…. Yo le sonreí y él volvió a besarme.




lunes, 4 de enero de 2016

Hacer lo que sentimos IV.


Después de un largo rato, me separé un poco de ella y sequé suavemente sus lágrimas.

- Tranquila. –Susurré.-
- Gracias, en serio.
- No tenes que agradecer nada.
- De verdad que hace muchos años necesito ese abrazo.
- ¿Queres contarme por qué tanta angustia?
- Mmm…
- No te creo que ese llanto sea solo por tu trabajo.
- No…
- ¿Queres un poco de agua? –Asintió.- Ahora te traigo.

Me puse de pie y la tomé por las mejillas para besar dulcemente se frente. Me fui a la cocina, en donde le serví un vaso de agua y se lo alcancé.

- Gracias. –Dijo dejando su vaso vacío a un costado.-
- No es nada… ¿Un poco más tranquila?
- Creo.
- ¿Queres contarme?
- No tenes por qué bancarte esto.
- Si te pregunto… Es porque quiero saber.
- Es remover mucha mierda.
- Capaz te haga bien sacarlo afuera. –Dije acariciando su espalda.-
- No sé… -Suspiró.- Es que estoy sola, es eso.
- ¿No tenes familia?
- No… -Secó sus lágrimas.-
- ¿Puedo saber por qué?
- Mis viejos… Fallecieron, cuando era chica. Yo tenía 15, ahora tengo 22. –Suspiró.- Mi vieja se enfermó de VIH y lo contagió a mi papá sin saberlo… Fallecieron con muy poco tiempo de diferencia. Digamos que nunca fuimos una familia con plata, más bien todo lo contrario. Vivíamos en un barrio muy carenciado, y ahí de esas cosas no se habla. Nunca supe como se contagió mi mamá, pero creemos que fue en un hospital. –Hizo una pausa.- Más familia nunca tuve, cuando mi grupo de amigos se enteró de la enfermedad de mis viejos se alejó, así, de un día para el otro.

Yo tomé su mano y la presioné, porque no podía seguir hablando.

- Tranquila… -Dije acariciando su cuello.-
- Perdón.
- No tenes que pedir perdón.
- Es que… Desde los 15 que estoy sola, vagando por donde puedo. Ni siquiera pude terminar el secundario y me muero de vergüenza. Laburé de repositora en supermercados, en una verdulería, repartí volantes por la calle… Hice de todo, siempre todo en negro, más cuando era menor. Siempre cobré dos mangos. Y nada, hace unos años entré en un cabaret porque de verdad no encontré otra salida y hace un tiempo, me cambiaron a este… No sé, creo que son los mismos dueños.
- ¿Y en dónde vivís?
- Alquilo un monoambiente… Y no sabes cuánto me gustaría poder cambiar mi realidad.

Yo no supe muy bien qué decir, solo volví a abrazarla.

- Tranquila, tranquila… -Susurré en su oído.-
- Gracias, en serio. –Se separó un poco de mí.- A todo el mundo le doy asco.
- A mí no, más bien todo lo contrario… Podría abrazarte todo el día.
-Sonrió.- ¿Puedo pasar al baño?
- Obvio, mira… Es esa puerta de ahí. –Dije señalando.-
- Permiso eh.
- Anda tranquila. ¿Necesitas algo?
- No, solo quiero lavarme la cara.
- Pasa, dale.

Pau sonrió y se fue.



-



Ingresé en el baño y cada vez me sorprendía más. Era demasiado brilloso todo. 


Me hice un rodete con mi pelo y lavé varias veces mi cara. Ni siquiera me detuve a mirarme en el espejo, seguramente me espantaría. Sequé mi cara y salí, para volver con Pedro.

- Creo que me voy… -Le dije.-
- No, por favor. Quedate.
- ¿Para qué?
- Quiero contarte algo.
- ¿Qué?
- ¿Te sentas?

Yo suspiré y me senté a su lado.

- Yo tampoco tengo papás… -Me dijo.- Ni familia. –Suspiró.- Yo sé que cuando entras a mi casa parece que no me falta nada, pero a pesar de que la plata claro que es necesaria, no llena los vacíos.

Bajé mi mirada y no supe muy bien qué decir.

- Cuando tenía 19 años, mis viejos fallecieron en un viaje en avión… Vivían viajando por su trabajo y bueno, ese avión explotó en el aire. –Se encogió de hombros.- Y a partir de ahí no solo que me quedé solo, sino que tuve que hacerme cargo de la empresa. Sí, presido una empresa textil con 24 años. 
- No sabía todo esto…
- No, claro que no lo sabías, no te lo conté.
- Me sorprende un poco.
- Yo también estoy muy solo, yo aparento que no porque no me gusta mostrarme vulnerable… Pero, esta es mi realidad.
- ¿Y novia no tenes?
- No. ¿Por qué te crees que vas a esos lugares?
- No sé, capaz…
- No, no tengo.
- Ah…

Y se hizo un silencio.

- ¿Puedo abrazarte yo ahora? –Le pregunté.-
- Por favor…

Sonreímos y nos abrazamos.

- ¿Por qué vas a esos lugares? –Pregunté separándome un poco de él.-
- Para no sentirme tan solo.
- ¿De verdad te hace sentir acompañado?
- Mmm… No.
- ¿Y alguna vez fuiste a un prostíbulo?
- No, nunca.
- Podes decirme la verdad eh.
-Rio.- Es la verdad.
- Bueno, te creo. –Bostecé.-
- Te estás muriendo de sueño. ¿No?
- Sí…
- ¿Y no queres dormir?
- ¿Acá?
- Sí. ¿Qué problema hay?
- No sé, me da cosa…
- Dale, quedate.
- Mmm…
- Son las seis de la mañana, no te voy a dejar ir sola.
- Pero…
- Pero nada.
-Reí.- Sos muy insistente. ¿No?
- Bastante. Podemos quedarnos acá o ir al cuarto, como prefieras.
- No sé.
- Tranquila che, no te voy a comer.
-Reí.- Me estoy dando cuenta de que no.
- Ah, menos mal. –Reímos.-

Pedro se puso de pie y me ofreció su mano. Yo la tomé y me puse de pie también.

Caminamos juntos hasta su cuarto y la verdad es que no sabía qué estaba haciendo. 

- Acostate… -Me dijo.-
- ¿Y vos?
- Acostate.

Yo lo hice, algo dudosa…

- Relajate que así no vas a descansar nada.
-Reí.- No entiendo esta situación.

Pedro pasó su mano por mi cara, haciendo que cierre mis ojos. Bajó con su mano por el costado de mi cuerpo y volvió a subir, quedándose en mi pelo. Estaba arrodillado en el suelo, frente a mí.

- Dale, relajate.
- ¿De verdad no te jode que duerma acá?
- ¿Cómo me va a joder?
- No sé…

Besó mi frente y yo sonreí.

- ¿Vos vas a dormir?
- No sé, no te preocupes por eso.
- ¿Cómo no me voy a preocupar?
-Rio.- Vos ahora preocuparte por descansar.
- Gracias, en serio.
- Nada que agradecer, en serio. -Reí.- Descansa, dale…

Y sentí sus dedos jugando con mi pelo hasta que me quedé dormida.

domingo, 3 de enero de 2016

Hacer lo que sentimos III.


- ¿Puedo preguntarte algo?

Asentí tímidamente.

- Noto tu mirada triste… -Dijo tomándome por el mentón.- ¿No estás bien, no?
-Suspiré.- Hace mucho tiempo no estoy bien.
- No quiero incomodarte, pero me gustaría invitarte con un café.
- Mmm…
- Es solo para estar más cómodos.
- ¿En dónde?
- En mi casa.
- ¿Vivís solo?

- Sí, tranquila.

- Está bien. –Dije dubitativa.-

- No me mires con esa carita de miedo.

-No pude evitar reír.- Casi no te conozco.
- Ya nos conocemos bastante, aunque no lo creas.
- Mmm…
- Permiso eh.

Se acercó a mí y me besó.

- Tranquila, no voy a hacerte nada malo.
- Me da un poco de miedo.
- A mí me da miedo que estés sola esperando un bondi a esta hora.
- Es la única manera que tengo de volver a mi casa.
- ¿Queres que te lleve a tu casa?
- No, acepto el café.
-Sonrió.- No te vas a arrepentir.

Me dio otro beso y arrancó el auto. Yo suspiré y cerré mis ojos. No sabía qué estaba haciendo.

Manejó muy tranquilo hasta su casa. Bajamos del auto y me dio la mano. Yo reí.

- Tranquila. –Dijo riendo.-
- Intento estarlo.

Me abrazó por los hombros y besó mi sien.

- Soy un desastre para estar en un lugar así.
- No te preocupes, sos muy hermosa.

Y creo que mis mejillas se tornaron rosa fuerte.

- ¿Entramos? –Me preguntó.-
- Dale.

Pedro abrió la puerta del hall del lujoso edificio en donde vivía y caminamos juntos hasta el ascensor.

- Wow. –Dije mirando todo como una nena.- De verdad que me da vergüenza mi facha en este lugar.
-Rio.- No te preocupes.
- Siempre supe que los hombres que van a esos lugares estaban forrados en guita, pero nunca creí que tanto.

Y él no respondió, porque el ascensor frenó. Caminamos hasta su departamento y cuando abrió la puerta creo que se me cayó la mandíbula.

- Qué lindo todo… -Dije mirando para todos lados.-
- Bueno, gracias.
- Si vieras mi casa… -Reí con un dejo de angustia.-
- Seguro sea igual de hermosa que vos. –Reí.- ¿Café o algo más fuerte?
- No sé, lo que quieras.
- Vos ponete cómoda, deja el bolso si queres… Y yo veo que preparo.
- Bueno, está bien. Gracias.

Pedro me sonrió y se fue a la cocina. Yo dejé mi bolso en el suelo y me quité mi tapado, el cual dejé sobre el bolso. Me senté tímidamente en el sillón y me miré. Mi jean gastado, mis zapatillas rotas y mi remera que bueno… También era un asco.

Claramente desentonaba en aquel lugar.

- Café con un poco de coñac. –Dijo dándome una taza.-
- Gracias. –Dije tomándola entre mis manos.-
- No es nada.

Se sentó frente a mí y yo tomé un poco.

- Está rico, necesitaba algo calentito.
- Dicen que soy muy bueno haciendo cafés.
-Reí.- Yo digo que sos medio tarado a veces.
- Hey, más respeto.
-Reí.- No sé muy bien qué hago acá.
- Estás conmigo.
- Desentono bastante con este lugar.
- Para mí no. Es más, me gusta que estés acá.
- ¿Por qué?
- Me gusta tenerte cerca.

Yo sonreí y no me escondí dentro de la taza solo porque no podía.

Tomamos el café sin hablar de nada puntual y mi celular no dejaba de vibrar.

- Perdón, eran las chicas… Tenemos un grupo en Wap y siempre avisamos cuando llegamos a nuestras casas, y como no avisé… Estaban preocupadas.
- ¿Son amigas? –Preguntó.-
- Algo así.
- ¿Algo así?
- Nos une algo feo, pero hay buena onda.
- ¿No te gusta, no?
- No, en lo más mínimo. –Suspiré.-
- ¿Y por qué lo haces?
- Necesito comer.
- ¿Nadie puede ayudarte?
- Ojala tuviera alguien que me ayude, de verdad que si hubiese encontrado una salida que no sea esta… La hubiese tomado.

Tomó mi mano y la besó.

- ¿No hay nadie con vos?
- No. –Y mis ojos se llenaron de lágrimas.- Pero, no sé si quiero hablar de esto.
- Me gustaría ayudarte. –Dijo corriendo el pelo de mi cara.-
- No me conoces Pedro.
- Me gustaría conocerte.
- ¿Para?
- Por algo no puedo dejar de pensar en vos.
- No soy un juguete al que vas a garchar y desechar, mucho menos en tu casa.
- Yo no estoy diciendo esto.
- Mmm…
- En serio. –Hizo una pausa.- No te voy a decir que no quiero, pero… De verdad me gustaría poder ayudarte.
- Nadie puede ayudarme.
- ¿Por qué?
- No importa eso.

Y cerré mis ojos con fuerza, para dejar que las lágrimas cayeran por mis mejillas.

- A mí sí me importa.
- Dale Pedro, ya está.
- ¿Qué ya está?
- Ya estoy en tu casa, no te hagas el tierno conmigo.
- No me estoy haciendo nada.
- No creo que un tipo como vos, con tanta guita y que va a cabarets pueda preocuparse por alguien como yo.
- Me parece que tenes un pre-concepto muy feo.
- No, no es un pre-concepto.
- Mmm… Es lo mismo si yo pensara de vos que solo sos una puta como vos decís.
- Pensalo, porque lo soy.
- No.
- Dale. ¿No pensas de eso?
- Lo pensaba, hasta que te conocí a vos.
- ¡Na! Basta…
-Rio.- No, es en serio.
- No entiendo.
- Yo casi siempre pedía por Luna, también con Michelle… Pero, un día el dueño me dijo que tenía a otra chica para presentarme, y menos mal que le dije que sí.
- ¿Por qué me garchaste?
- Deja de pensar así.
- Es lo que hicimos.
- Hablamos mucho después de que garchamos, eso también me gusta de vos.
- Hablamos de boludeces…
- Pero, la pasé bien. ¿Está mal?
- No, porque yo también la pasé bien.
- ¿Y por qué estás tan a la defensiva?
- Porque me siento sucia.
- Podes bañarte.
-Reí.- ¿Ves qué sos un tarado?
- Quería que te rías un poco.
- De verdad, ese trabajo me hace sentir sucia… Y después de que nos acostamos, peor.
- ¿Tan mal olor tengo?
-Volví a reír.- ¡Te hablo en serio!
- Perdón…
- De verdad, no me gusta esto.
- Me dí cuenta… El primer día que te vi.
- ¿Por qué?
- Porque lo haces con tristeza en los ojos.
- No es lindo tener que hacer esto para comer.

Y me quebré. ¡Odiaba hacerlo!

Pedro, sin pedir permiso, me abrazó… Y yo me quebré, aún peor.

- Gracias. –Le dije.-
- ¿Por qué?
- Por abrazarme.
-Besó mi mejilla.- Es un placer.
- Necesito hace muchos años que alguien me abrace así.
- Podes quedarte acá todo el tiempo del mundo Pau…

Yo suspiré y cerré mis ojos. Quería frenar el tiempo.

sábado, 2 de enero de 2016

Hacer lo que sentimos II.


Me sentía rara y sucia. Siempre me sentía así cuando salía de aquel lugar, pero hoy más. Todavía no entendía como había aceptado garchar con ese tipo, y lo peor de todo es que la había pasando increíble.

Hacia horas no podía dejar de pensar en lo bien que había hecho todo y claramente necesitaba poner mi mente en otro lado. Necesitaba dejar de ser Roxy, para volver a ser Paula.

Me dí una ducha. Mi casa era pequeña, muy pequeña… Era lo que había. Me preparé un sándwich con lo último de fiambre que había en mi heladera y me serví un vaso de agua. Caminé hasta mi cama y allí me dejé caer.

Seguía sintiéndome rara.

Miré la foto de mis papás en mi mesita de luz y suspiré.

- Perdón… -Y eso era lo que les decía cada vez que volvía de aquel lugar.- Yo sé que ustedes no soñaron esto para mí, y yo tampoco… Pero, no puedo evitarlo. –Y mis ojos se llenaron de lágrimas.- Me doy asco.

Y me comí el sándwich por obligación, solo para seguir viva… Aunque, no sabía para qué.

Pasé toda la semana así… Rara. Tratando de evadir todos mis problemas, como siempre.

Pasaron dos semanas más y esos dos fines de semana Pedro se encargó de hacerme tocar el cielo con las manos mientras compartíamos aquella cama, sin que nadie lo supiera.

Pero… Ya no lo soportaba más. Me sentía demasiado sucia. Me daba más asco que antes.


Era fin de semana otra vez y tuve que volver a ese asqueroso lugar. Ingresé en la habitación que me tocaba ese día y lo que no quería… Estaba sucediendo.



- ¿Otra vez vos?

- Hey… ¿Qué es esa manera de recibirme?

- Perdón, pero voy a pedir que me cambien de habitación.
- No, no… Por favor. –Dijo acercándose a mí.-
- Pedro, lo que hicimos fue cualquiera.
- ¿De verdad crees que fue cualquiera?
- Sí.
- Yo vi en tus ojos lo bien que la pasaste.
- ¡Yo no soy una puta! –Dije con lágrimas en los ojos.-
- No, yo no creo eso…
- Dale Pedro, todos los tipos que vienen acá piensan que somos unas putas con pocos ovarios, porque les bailamos en bolas pero no dejamos que nos toquen.
- ¿Eh? ¿Qué decís?
- Nada, dejame…

Y me quise ir, pero él me frenó.

- Para un poco Paula.
- ¡No quiero que vuelvas a tocarme!
- ¿Podemos hablar?
- ¿De qué?
- De lo que te pasa.
- ¿A vos te importa lo qué me pasa?
- Estás por llorar.
- ¡Dejame!

Quise salir otra vez, pero sentí sus manos en mis hombros.

- No pude dejar de pensar en vos en toda la semana.
- Porque no encontraste otra minita para garcharte.
- No, no es eso.
- Dale… No me boludees. Conozco a los hombres de memoria.
- No llores… -Dijo acariciando mi mejilla.-
- No me toques te dije.
- Perdón… Pero, no te vayas así.
- No quiero Pedro.
- ¿Qué no queres?
- Esto. 
- ¿Qué es esto? ¿No queres estar conmigo?
- ¡No quiero estar acá! –Dije estallando en llanto.- Los tipos que vienen acá piensan que nosotras disfrutamos de esto, pero no. ¡La pasamos como el orto! –Suspiré.- De todos los tipos que me tocaron, te juro que con el único que me calenté fue con vos. ¡Y me odio por eso! ¡Me odio por haber dejado que me toques y que me garches! ¡Porque no soy una puta y no quiero serlo!
- No sos eso que decís…
- Dale, pagaste por garcharme.
- No, no fue así…
- Bue, pagas por ver minas casi en bolas. ¡Es lo mismo!

Y vi que sus ojos se cristalizaron.

- ¿Eh? ¿Qué te pasa ahora?
- Nunca creí que se sentían así…
-Revoleé mis ojos.- Na, no quiero tu lástima. Te agradezco.
- No es lástima.
- ¿Y qué es?
- Me importas.
-Reí irónicamente.- Pedro, ya está. No nos veamos más y listo.
- ¿Es lo qué queres?
- Sí…
- Está bien, aún así la pasé muy bien con vos. –Besó mi frente.- En serio…
- Me voy a ir.
- No, deja… Me voy a ir yo. Quedate acá.
- No puedo no cobrar Pedro, necesito la guita.
- Voy a pagar igual.
- No, no hagas eso.
- Lo voy a hacer.

Y se fue. Me dejé caer en la cama de aquella habitación y me largué a llorar como una nena. 

No entendía que estaba pasando y odiaba lo que estaba pasando.

-

Salí de aquel lugar y me quedé haciendo tiempo en el baño, luego salí y pagué en la recepción… Claro que por Paula o Roxy. No sé.

Quise volver a mi casa, pero no pude hacerlo. Sentí una extraña necesidad de quedarme allí, esperando a que salga. Sin saber para qué.

No entendía qué estaba pasando, claramente no lo entendía. ¿Qué hacía yo preocupado por una minita? Duda existencial.

Pero… Había algo de ella que me llamaba la atención y no, no era solo su cuerpo. No quería dejar de verla. 

Pasaron varias horas, en las que estuve escuchando la radio, hasta que vi que un grupo de chicas salió. Paula comenzó a caminar hacia una parada de colectivo y sinceramente se me puso la piel de gallina. ¡Eran las cuatro de la mañana y estaba yendo sola a una parada de colectivos!

Me bajé del auto y la seguí. Ella quiso salir corriendo, pero se lo impedí.

- ¡La puta madre Pedro! ¡Pensé que me querían chorear!
- Tranquila, tranquila. –Dije tomando su mano.-
- ¿Qué haces acá? –Preguntó agitada.-
- No quería irme sin hablar con vos.
- ¿De qué queres hablar?
- ¿Venís conmigo?
- ¡No!
- Es peligroso que estemos a esta hora en la calle.
- Estoy acostumbrada.
- Dale, solo a mi auto… 
- No sé Pedro.
- Por favor.

Presioné su mano y la hice caminar detrás de mí. Nos subimos a mi auto y la miré.

- Te estás muriendo de frío. ¿No?
- Sí. –Suspiró.- 

Yo prendí la calefacción.

- Gracias. –Dijo frotando sus manos.-
- No es nada.
- ¿Por qué me esperaste?
- No sé, no me gustó la idea de no verte más.
- Me siento muy incómoda en esta situación.
- Quiero hablar, nada más.
- ¿En carácter de qué?
- No sé muy bien, pero… 

Y me quedé en silencio.

- ¿Pero qué? –Preguntó.-
- Tenes algo que hace que no pueda dejar de pensar en vos.
- No, no seas peliculero.
-Reí.- En serio…
-Se encogió de hombros.- Yo tampoco pude dejar de pensar en vos, pero no sé si por vos o porque me da asco lo que hice.
- No hiciste nada malo…
- ¿No?
- Solo te acostaste con un tipo que te gustó. ¿Qué tiene de malo?
- Mi trabajo es horrible. –Dijo quebrándose.-






Hacer lo que sentimos I.


Muchos creen que lo tengo todo y de hecho… Lo tengo. 


Sábado a la noche, rumbo a mi lugar preferido. Me pedí mi trago preferido y la habitación de siempre. No, no era un hotel transitorio ni un prostíbulo. Era un lugar lleno de strippers, una mejor que la otra.


- ¿La misma de siempre? –Me preguntó el dueño.-
- Mmm… -Dudé.- No, sorprendeme.
- ¿Seguro?
- Sí, seguro.
- Hay una que está…
- La espero.

Agarré las llaves de mi habitación y me dirigí allí. Dejé el trago a un lado y me quité mi saco y mi corbata, los cuales dejé en el perchero. También me deshice de mis zapatos. Me tiré en la cama y comencé a tomar mi trago.

¡Qué empiece el show!

Vi la puerta abrirse y sonreí. Realmente necesitaba despejarme de la semana tan atareada que había tenido y ver buena carne. Las luces estaban muy tenues y no lograba ver demasiado. La chica cerró la puerta, trabándola y luego puso música… Una música muy sensual.

- Buenas noches… -Dijo acercándose a mí.-
- Buenas noches bebé. 
- ¿Qué estás tomando? –Se arrodilló delante de mí.-
- Un vodka.
- ¿Puedo tomar un poquito?
- Mira que es muy fuerte eh…
- Yo soy más fuerte.

Me quitó el vaso de la mano y tomó un sorbo. Se levantó de la cama y volvió sobre sus pasos. Vestía un tapado negro, por debajo de sus rodillas. Llevaba unos taco agujas tremendos y su pelo estaba completamente desordenado.

Comenzó a mover su cola al ritmo de la música, dándome la espalda. Cuando la música cambió, abrió su tapado de golpe y lo dejó caer lentamente por su cuerpo.

Wow. De verdad estaba buena.

Tenía puesto un portaligas negro y por lo que se podía ver, un corpiño de encaje.

Continuó meneando su cola por un largo rato y luego se dio vuelta. Al verla de frente me infarté. Literalmente.

- Bueno… Creo que estoy despertando a alguien. –Dijo mirando mi zona íntima y mordiendo su dedo.-
- Es que sos un fuego…
- ¿Sigo bailando?
- ¡Ni se te ocurra frenar!

Y así fue como aquella rubia estuvo más de media hora bailando frente a mí… Se subió a la cama, se paró con mis piernas en medio y comenzó a bailar allí arriba. Yo estaba a punto de estallar.

Me olvidé de las reglas, y subí mi mano para querer tocarla… Pero ella me frenó.

- No, no… Se mira pero no se toca. –Dijo quitando mi mano.-
- Un poquito. –Supliqué.-
- Sabes como son las reglas, me dijeron que sos un cliente de muchos años.
- Soy un cliente de muchos años, pero nunca me había tocado una chica como vos.
- No quieras quedar bien, somos todas un juguete para ustedes.
- Sos muy linda, de verdad.
- Gracias, supongo.
- ¿Podes seguir?

Ella suspiró y continuó bailando, sobre mí. ¡No tenía límites!

No podía no tocarla sintiéndola tan cerca.

- No me voy a espantar si te tocas eh.
- Me gustaría que me toques vos… O tocarte yo. –Le dije.-
- No quiero irme enojada.
- No, no te vayas por favor…
- Entonces no insistas.
- ¿Cómo es tu nombre?
- Acá me conocen como Roxy.
- ¿Y tu nombre de verdad?
- No importa.
- Voy a pedir por vos la próxima que venga.
- No vas a tocarme eh.
- Un poquito…

Ella se bajó de la cama y se puso su tapado.

- No, no… Por favor. –Dije siguiéndola.-
- Llamo al dueño.
- No quiero hacerte nada malo.
- Queres garcharme.
- ¿Está mal?
- ¡Sí! ¡Está mal!
- Nadie se entera… -Susurré en su oído.- Yo también te gusto, no te hagas la tonta…
- ¿Tanto se me nota? –Rio.-
- Estás húmeda, puedo verlo…
- Bueno, no importa.
- Por favor… Un ratito.
- Las reglas…
- Las reglas las podemos olvidar por un rato.

Ella caminó hasta la puerta, pero no la dejé abrir porque la apoyé por la espalda. 

- No te vayas. –Supliqué.-
- Esto está mal.
- Puede quedar entre vos y yo… -Dije tocando su cola por debajo de su tapado.-
- No hagas eso. –Suspiró cerrando sus ojos.-
- Te encanta que haga esto. –Dije yendo un poco más allá con mi mano.-
- No sigas.
- Por favor. –Dije ejerciendo presión de mi cuerpo con el suyo.-
- Por favor vos…

Y no le hice caso, besé su cuello apasionadamente y ella suspiró con fuerza.

- No sigas…
- Veni conmigo, te lo suplico.

Hice que diera media vuelta, abrí su tapado y la besé, apoyándola sin piedad contra la puerta.

- ¿Nadie se entera? –Preguntó.-
- Te prometo que no.

Y ahora fue ella quien me besó apasionadamente, tomándome por la nuca. Me hizo caminar hasta la cama y allí me hizo caer… Ella sobre mi cuerpo.

- ¿Tenes forros? –Me preguntó.-
- Tengo, no frenes…

Ella sonrió pícara y comenzó a besar y mordisquear mi cuello. Mis manos fueron directo a su cola y allí se quedaron… Visitando su piel. Sus besos y sus mordiscos acompañaron a sus manos mientras quitaba mi camisa y luego, mi pantalón. 

Me hizo poner de pie y bajó mi boxer, se arrodilló delante de mí y me hizo llegar al paraíso.

- Menos mal que no querías… -Dije tratando de volver en sí.-
- Nunca me tocó un cliente que esté tan bueno como vos. –Dijo de pie frente a mí, pero sin dejar de tocarme.-
- ¿Puedo yo ahora?
- Te lo suplico.

La tiré con fuerza sobre la cama y terminé de desnudarla en menos de un segundo… 

Mis labios y mi lengua recorrieron su cuerpo, de punta a punta… Nunca había estado con una mina así.

- Wow… -Dijo temblando y con sus ojos cerrados.-
- No te relajes que falta lo mejor.
- Ponete forro.
- No te preocupes, soy calentón pero no boludo.

Me puse el forro y sin previo aviso, comencé a hacerlo. Ella gritó y yo le tapé la boca.

- Nadie se puede enterar. –Dije en su oído.-
- Sos un forro. –Dijo con sus ojos cerrados.-
- Sh… -Dije comenzando a menear mi cadera.-

Y así fue como por fin pude cumplir con mi cometido.

Ella se estaba vistiendo sentada en la cama, yo ya estaba vestido.

- Esto no sale de acá. –Dijo.-
- Te prometo que no Roxy.
- Paula… -Dijo.- ¿Vos?
- Pedro.
- Un placer Pedro. –Y me besó.-
- Lo mismo digo. ¿Podemos repetir?
- Ah no sé… Fijate vos.
- ¿Estás todos los findes acá?
- Todos, pero pedí por Roxy. No por Paula.
- ¿Y ahora cuál sos?
- No sé.


Se encogió de hombros y luego de besarme por última vez, se fue.