sábado, 5 de septiembre de 2015

Ser uno mismo VIII.


- Primero… Deja de llorar. –Dijo sentado frente a mí en el sillón.-
- Perdón, pero no puedo.
-Secó mis lágrimas con sus dedos.- ¿No queres ir a lavarte la cara?
- No hagas que me arrepienta de que estés en mi casa.
- Está bien… Quiero contarte algo.
- Te escucho.

Pedro hizo una pausa y tomó aire.

- A mí me pasa algo parecido a lo que te pasa a vos.
- ¿A qué cosa?
- A todo… Te voy a contar mi historia. ¿Tenes ganas de escucharla?

Yo asentí, un poco extrañada.

- Para que veas que vos también me inspiras confianza, lo que voy a contarte solo lo sabe mi terapeuta y mis viejos… Yo, soy adoptado. Me adoptaron mis viejos cuando tenía dos años, antes de eso no sé absolutamente nada. No sé que pasó con mis padres biológicos, no sé si les pasó algo, si me abandonaron… No sé, no sé nada y tampoco creo estar preparado para saberlo. –Hizo una pausa y yo tomé sus manos porque noté que sus ojos se estaban llenando de lágrimas.- A mí también me da miedo mostrarme como soy, porque tengo miedo de que me abandonen otra vez. No puedo dejar de pensar en que me abandonaron porque algo no les gustaba de mí… A mí también me da miedo que me quieran y querer, si te tranquiliza, no sos la única.

Sequé sus lágrimas con mis dedos y volví a tomar sus manos.

- Seguí psicología con el fin de entenderme un poco más a mí y a mis supuestos padres, pero no sé si funciona demasiado… El miedo lo sigo teniendo y llevo mucho más años de terapia que vos.
-Suspiré.- No me esperaba todo esto.
- Perdón, pero necesitaba contártelo.
- No tenes que pedirme perdón. ¿Puedo darte un abrazo?
- Te lo agradecería mucho.

Yo me acerqué a él y lo abracé, él también me abrazó.

- Me cuesta mucho estar con alguien y bien, o sea, no me refiero solo a mujeres… Me refiero a cualquier tipo de vínculo.
- Veo que nos parecemos mucho más de lo que creía.
- Creo que por eso me interesas tanto.
-Me separé un poco de él.- Perdón, pero no sé qué decirte.
- Con que me digas que podemos seguir viéndonos…
-Suspiré.- Me cuesta esto.
- Aunque no parezca, a mí también… Incluso, si no eras vos la que me daba un beso creo que nunca me hubiese animado.
- Quizás ese beso fue un error.
- No, no pienses eso. –Me besó.-
- No sé qué pensar.
- No pienses, solo sentí lo que pasa entre nosotros.
- Eso también me da miedo, sentir tantas cosas.

Él me abrazó y nos quedamos un rato en silencio.

- Capaz estaría bueno que podamos enfrentar ese miedo juntos. ¿No te parece?
-Cerré mis ojos e inhalé, sintiendo su olor.- Tengo miedo de fracasar.
- Siempre está la posibilidad de fracasar Pau.
- Sí, es verdad…

Se separó un poco de mí y me besó.

- Deja que pase, te lo ruego.
- ¿Y qué hacemos con el miedo?
- Le damos batalla.
-Suspiré.- Me convences y no sé si es lo que quiero.
- Yo sé que es lo que queres…

Dijo y me abrazó para poder besar mi cuello suavemente.

- Tener miedo es una mierda. –Dije con bronca.-
- Lo sé Pau, lo sé.
- ¿Y entonces?
- No sé, pero no te alejes de mí.
- Me cuesta no alejarme de la gente.
- Por eso te lo estoy pidiendo.
- No sé Pedro…
- Dale, no te prives de sentir algo que te hace bien.

Me separé un poco de él.

- Me privo de hacerte y hacerme mal.
- ¿Por qué estás tan segura de eso?
- No lo sé.
- Confía un poco en vos.
- Eso es imposible.
- ¿Lo intentaste alguna vez?
- No.
- ¿Entonces cómo sabes que es imposible?
-Reí.- No sé.
- Dale… -Me besó.- Intentemos, no te puedo prometer nada ni tampoco te pido un noviazgo a partir de ahora mismo… -Reí.- Pero intentemos algo, al menos vernos… Nos hacemos bien.
- ¿Sabes lo qué pasa?
- ¿Qué?
- Que ahora te digo que sí y cuando te vayas voy a volver a paralizarme, no dormí en toda la noche del miedo que tengo.
- ¿Y si dormís ahora y te tranquilizas?
- Eso no va a solucionar nada.
- Pero estar más tranquilo siempre ayuda.

Sequé mis lágrimas e hice sonar mis dedos.

- Tengo miedo y no sé cómo hacerle frente. –Le dije.-
- De la mano. –Dijo y tomó mis manos.-
- Sos muy tierno… Pero casi ni nos conocemos.
- Vos crees eso, pero te vas a sorprender cuando te des cuenta que nos conocemos demasiado.
- No sé…
- ¡Deja de decir no sé!
-Reí.- Es que no sé.
- Es que no queres saber.
- Mmm… Puede ser.
- Te lo repito: escucha lo que te dicen ahí adentro. –Dijo acariciando mi sien.-
- Lo que está ahí adentro me odia, me hace la vida imposible.
- Porque dejas ganar a la parte mala.
- No sé cómo despertar a la parte buena.
- Quedándote conmigo, omitiendo el miedo.

Apoyé mi codo el respaldo del sillón y mi cabeza en mi mano.

- Lo decís como si fuese simple.
- Te repito esto también: nada es simple, todos son procesos… Pero, si la primera vez que intentas cambiar algo ya te negas, no vas a poder nunca terminar con dicho proceso.
- ¿Pero vos entendes que no puedo contra mi cabeza?
- Yo entiendo que vos no queres poder contra ella.
- ¿Cómo estás tan seguro?
- Porque me pasó lo mismo.
- ¿Y qué hiciste?
- Voy a terapia.

Reímos.

- Te pregunto en serio…
- Salí un poco a la vida, a conocer gente…
- ¿Y funcionó?
- No, hasta que te conocí. –Sonreí.- Me haces sentir bien de verdad.
- Y vos a mí…
- ¿Y entonces? ¿Por qué vamos a negarnos si nos hacemos bien?

Yo no respondí, tan solo me acerqué a él y lo besé.

- Quiero que nos animemos juntos.
- ¿Y si no funciona?
- Al menos sabemos que lo intentamos… ¿No te parece?
-Sonreí.- Sí.

Y nos besamos.

- No llores más y dormí, dale…
- ¿Y vos?
- No sé. –Rio.- Hoy no puedo safar de mis pacientes, tengo el primero en una hora y media. Pero… Puedo quedarme hasta que te duermas.
- ¿Harías eso por mí?
- Mmm… Sí. ¿Queres?
-Sonreí.- Sí. Vení conmigo…

Fuimos hasta mi cuarto y yo me metí en la cama, aún tenía la ropa del día anterior.

- Perdón el desorden. –Le dije.-
-Rio.- No hay problema… Acostate, dale.
- Es como tener un enfermero a domicilio. –Dije riendo y me metí en la cama.-
- No sé si enfermero, pero quiero que dejes de llorar.
- El miedo me hace llorar.
- Eso lo sé. –Reímos y besó mi frente.-

No dijimos más nada y él comenzó a desenredar mi pelo con sus dedos.

Después de un rato, comencé a hablarle sin abrir los ojos.

- Gracias, me haces sentir en paz. –Susurré.- Te juro que quiero enfrentar el miedo, pero a veces no sé cómo…
- Juntos vamos a encontrarle la vuelta y si no funciona lo que pasa entre nosotros, al menos nos va a servir para saber cómo enfrentarnos al miedo… O como no hacerlo. ¿No te parece?
-Sonreí.- Sí, igual prefiero pensar en que va a funcionar. ¿Vos no?
-Rio.- Me gustas demasiado como para querer que no funcione…
-Sonreí.- ¿Ya tenes que irte?
- No… En un ratito. –Besó mi mano.- Trata de dormir, dale…
- Gracias.
- Nada que agradecer.

Y bajo sus caricias, me quedé dormida.



viernes, 4 de septiembre de 2015

Ser uno mismo VII.


Era algo tarde y yo debía volver a mi casa… El problema era que no podía despegar mis labios de los suyos. Sus dedos estaban entrelazados con los míos y nuestras manos detrás de mi espalda.


- Me tengo que ir. –Dije sin sonar demasiado convincente.-

- No, no te vayas.

- ¿Qué va a pasar con esto?
- Lo que nosotros queramos que pase.
- ¿Y qué queremos?
- Yo quiero que volvamos a vernos.
-Sonreí.- Yo quiero lo mismo.
- Entonces no pensemos en el futuro, solo sepamos que vamos a volver a vernos.
- Mmm… Dale.
-Me besó.- Quedate un rato más.
- Es tarde…
- No importa, dale.
-Reí.- Me da miedo andar muy tarde sola.
- Te puedo acompañar.
- Tengo mi auto acá.
- Vamos en tu auto.
- ¿Y cómo volves?
-Se encogió de hombros.- Después veo…
- Pero…
- Dale, quiero que te quedes.
-Reí.- ¿Sos muy insistente, no?
- Demasiado.
- Entonces te ahorro el hecho de que insistas.
- ¿Te quedas?
- Sí, pero con la condición de que comamos algo un poco más elaborado que las patitas de pollo. –Reímos y nos dimos un beso.-

Finalmente me quedé y cenamos juntos, luego me acompañó a mi casa. Ni bien cerré la puerta, le envié un WhatsApp.

“No recuerdo haber pasado un día tan lindo hace mucho tiempo. Gracias.”

“Sos más linda, yo también la pasé muy bien.”

Me senté en mi cama y suspiré, dejando caer mi torso sobre el colchón… 

Estaba contenta, pero de un segundo al otro, un pánico me invadió. Me estaba dando cuenta que todo lo que había hecho ese día había sido una maldita locura.

¿Qué hacía yo con un pibe? ¡Y encima con mi psicólogo! Como si fuésemos novios de toda la vida… 

Había algo extraño y me sentía asfixiada dentro de mi propia mente, otra vez.

Hacia semanas que esto no me ocurría, pero volvía a sentirlo. Volvía a sentirme encerrada en ese lugar blanco y horrible. Sin poder encontrar una maldita salida.

Sentía muy profundamente que había nacido para estar sola, aislada de todo y de todos. 

Ese día me había mentido, había creído que podía ser yo misma y sonreír… Pero, duró poco.

No era que no quería. ¡Era que no podía! Sentía como si mi mente fuese el enemigo, un enemigo que me castiga y me detesta todos los días de mi vida.

Ya sé que con un día que pasamos juntos ilusionarse es una pelotudes enorme, pero no iba a volver a pasar.

Me metí en la cama y me escondí debajo de la sábana. Ojala pudiera pasar el resto de mi vida así… Esa sensación me habitaba la mente desde que era chiquita, siempre había querido desaparecer, pero nunca había encontrado un por qué… Ahora lo estaba encontrando, tenía miedo a que me quieran. Tenía miedo a querer. Miedo a que me conozcan y dejen de quererme.

El sol salió y yo seguía allí, tratando de silenciar mi cabeza.

“Señorita… Tengo ganas de verla. ¿Se puede? Mi certificado puede extenderse.”

“No.”

“¿Te desperté?”

“No.”

“¿Pasa algo?”

“No.”

“No te olvides que soy psicólogo, no me podes mentir demasiado.”

“No quiero verte.”

Y dejé el celular a un lado, tratando de nos prestarle atención… Pero, cuando me respondió, no pude evitar leerlo.

“¿Por qué?”

“Porque esto es cualquiera.”

“Creí que la habías pasado bien.”

“¿Quién dijo lo contrario?”

“Dale, quiero verte.”

“No Pedro. No nos vamos a volver a ver.”

“¿Por qué?”

“Porque me da miedo que me quieran. ¿No te diste cuenta todavía? Bah, ni siquiera sé si me queres.”

“Obvio que te quiero.”

“Bueno, no me quieras más…”

“No me pidas eso.”

“Solo me diste un par de besos, podes olvidarte de mí.”

“Pero no quiero…”

“Bueno, yo no quiero verte.”

“¿Puedo ir a tu casa?”

“Ni se te ocurra…”

“Tengo algo para contarte.”

“Contaselo a un amigo.”

“No seas así conmigo.”

“Entende que no quiero verte.”

“Entende que yo sí, voy a ir a tu casa… Tengo la dirección en tu ficha.”

“No vengas, te lo ruego.”

Y no me respondió más nada. ¡La puta madre! 

El timbre sonó varias veces y yo seguía debajo de las mantas.

“No pienso irme hasta que me abras.”

“¿Por qué?”

“Porque me importas y tengo algo para decirte.”

“No quiero saberlo, no quiero que pase nada más entre nosotros.”

“Pero yo sí…”

“Yo no.”

“¿Me abrís al menos?”

Suspiré y fui hasta la puerta, abrí las cerraduras…

- Hola. –Dije sin dejarlo pasar.- ¿Qué queres?
- ¿Me dejas pasar?
- No.
- Si la pasamos bien.
- Yo anoche no.
- ¿Por qué?
- No importa.

Él hizo un poco de fuerza con la puerta y quedó frente a mí.

- ¿Por qué lloras así?
- Me muero de miedo. –Dije desarmada.-
- ¿Miedo de qué?
- De que me quieran, de querer… De que quieran, me conozcan y dejen de hacerlo.
- ¿Por qué crees que vales tan poco?
- No sé si creo eso… Es que nunca probé algo con alguien que me conozca de verdad.
- Yo quiero conocerte de verdad.
- ¿Por qué haces esto por mí? No te creo que sea solo porque te gusto… Conociendo a los hombres, cualquiera con el whatsapp de hoy no volvía.
- Eso es lo que quiero contarte. ¿Puedo pasar?
-Me encogí de hombros.- Pasa… Pero, no sé.
- ¿Qué no sabes?
- Nada sé.

Entré y dejé que entrará detrás de mí.



jueves, 3 de septiembre de 2015

Ser uno mismo VI.


Entramos en su casa, más precisamente estábamos en su living. Yo sentía mis manos transpirar y mis piernas inestables. Todavía no me acostumbraba a estar así con él.

- Sacame esa cara de susto que no te voy a secuestrar eh.
-Reí.- Perdón.
- No pasa nada. Sentate, ponete cómoda.
- Permiso.
- Dale Pau.

Yo reí y me senté en el sillón, Pedro se sentó frente a mí.

- Contame algo de vos… Porque vos sabes mucho de mí…
-Rio.- Tenes razón. ¿Qué queres saber?
- No sé, lo que vos tengas ganas de que sepa.
-Volvió a reír.- Me llamo Pedro, soy psicólogo.
-Reí.- Dale nene.
- No sé qué queres que te cuente.
- Tenes que describirte, como yo hice el otro día.
- Bueno, a ver… -Pensó algunos segundos.- Me considero una persona muy paciente y trasparente. Así como ves que soy en las sesiones, soy con el resto del mundo… O sea, mi modo de hablar, pensar y expresarme. ¿Se entiende?
- Sí, se entiende.
- No es que vivo analizando a la gente. –Reímos.- Pero soy siempre igual.
- Tenes pinta de ayudar mucho a la gente.
- Es mi trabajo…
- Pero digo, por fuera de eso.
- Por fuera de eso ahora te tengo a vos y quiero que sepas que sos mi paciente preferida.
-Reí.- ¿Voy a seguir siendo tu paciente? –Pregunté extrañada.-
- Mmm… Podemos ver como lo arreglamos. –Reímos.-
- Contame algo más. ¿Tu familia?
- Mis viejos, soy hijo único también.
- Uy, es todo un mundo eso… Vos lo debes saber mejor que yo.
-Rio.- No sé, puedo saber mucho de Psicología, pero uno no siempre lo puede aplicar a uno mismo.
- ¿Tenes muchos problemitas ahí adentro? –Pregunté acariciando su sien.-
- Ahora tengo un único problema.
- ¿Cuál?
- Que estás muy lejos.

Mordí mi labio sonriendo y se acercó a mí, para darme un beso.

- Te juro que no quiero interrumpir… Pero si no cierro las ventanas, mi casa se va a inundar.
-Reí.- ¿Te ayudo?
- No, no te preocupes.

Pedro cerró las ventanas de su departamento y volvió al sillón. Sin decir nada, hizo que me acueste y que apoye mi cabeza en sus piernas.

- ¿Qué pasa? –Le pregunté.-
- Mmm… Nada.
-Reí.- ¿Y por qué esto?
- ¿Estás incómoda?
- No, para nada. –Sonreí.-
- Entonces… Sh.

Reímos y besó mi frente.

- A veces quisiera meterme en esa cabecita loca. –Dijo acariciando mi pelo.-
- No, por favor no. –Le respondí.-
- ¿Por qué?
- Me da pánico que alguien pueda conocerme más de lo que yo quiero, lo sabes.
-Acarició mi frente con sus dedos.- Tenes que dejar que la gente te conozca.
- No quiero desilusionarlos…
- Ser vos misma es la mejor manera de no desilusionar a nadie… Siendo vos misma, sobre todo, no te desilusionarías a vos.
-Suspiré.- No sé, es algo que todavía no puedo procesar o aceptar.
- Me gustaría poder seguir conociéndote. ¿Me dejarías?
- Te tengo cerca y te dejo hacer cualquier cosa. –Dije con bastante vergüenza.
- Ay, sos muy linda. –Besó mi nariz y reí.-
- Pero igual, me da miedo. ¿A vos no?
- ¿Qué debería darme miedo?
- Estar enganchándote con una mina tan problemática.
-Rio.- Vos no te das una idea de las cosas que yo veo Pau, lo tuyo puede que sea un problema… Pero es algo que con tiempo se soluciona, no es la muerte de nadie che. –Reí.- Y me gustas así, no puedo evitarlo.
- Vos sos muy tierno. –Acaricié su mejilla y me besó.-
- Vos me haces poner tierno.
- ¿No es que sos siempre igual?
-Rio.- Pero creo que uno es varios a la vez.
- ¿Cómo sería eso?
- Yo no soy el mismo cuando estoy con mis viejos, que cuando estoy con mis amigos o ahora… Cada uno tiene un rol dentro de un grupo o al lado de una persona, uno tiene varias versiones y saca la conveniente en el momento indicado… Pero, todas esas versiones son las que nos hacen ser quienes somos.
- Puede ser, nunca lo había pensado así. ¿Eso de qué libro lo sacaste?
-Rio.- Puede que de alguno, pero es algo que pienso yo igualmente.
- Me gusta mucho escucharte hablar.
- ¿Por qué?
- Admiro tu forma de pensar, creo que eso es lo que más me gusta de vos.
- Nunca me habían dicho algo tan lindo.
-Sonreí.- Es lo que me pasa.
-Me besó.- A mí lo que más me gusta de vos es que sonrías.
-Sonreí y lo tomé por la nuca, para que vuelva a besarme.- No das más de tierno, en serio te lo digo.

Me levanté y nos besamos.

- ¿Queres que almorcemos?
- Mmm… Dale.
- ¿Qué te gusta?
- Un poco de todo.
- La verdad es que, como en casa de cualquier hombre soltero, mi heladera está bastante vacía.
-Reí.- ¿Puedo ver?
- Obvio, vení.

Fuimos hasta la cocina y abrimos la heladera.

- ¡Te cagas de hambre!
-Rio.- Tampoco tanto che… Tengo mucho congelado, lo tiras en la sartén y listo.
- Sos tremendo.
- Soy hombre, entende. –Reímos.-
- ¿Tenes patitas de pollo?
- Son mis preferidas.
- Las mías también.
- Entonces no se habla más… -Abrí el freezer y saqué la bolsa.- Salen patitas de pollo. –Reímos.-

Cocinamos varias y las dejamos en un plato, servimos aderezos y dos vasos de jugo. Así volvimos al living y dejamos la comida en la mesa ratona.

Almorzamos juntos y la realidad era que tenía sueño.

- Se te cierran los ojitos.
-Reí.- Dormí horrible anoche.
- ¿Se puede saber por qué?
- No podía dejar de pensar.
- ¿En…?
- Vos. –Sonreí y me besó.-
- ¿No queres dormir un rato?
- ¿Decís?
- Yo también tengo sueño. Digamos que dejar de pensar en vos tampoco fue fácil. –Reímos y nos dimos un beso.- Pero, capaz te incómoda.
- No, no es eso.
- ¿Dónde quedó la vergüenza?
-Reí.- No sé, igual es solo dormir… ¿O no?
- Dormir es dormir. –Reímos.-

No sé muy bien cómo, pero estábamos en su cama. Acostados, enfrentados. Yo tenía mis ojos cerrados y sentí su mano acariciar mi mejilla y mi cuello.

- ¿Seguro estás bien?
- Sí, estoy bien. –Lo miré.- Me haces sentir bien.
- No quiero que estés incómoda.
- No te preocupes, no lo estoy.
-Me sonrió.- Entonces trata de descansar.
- Vos también.

Y cerré mis ojos… No recordaba cuándo había sido la última vez que me había dormido tan en paz.

- Pau… -Susurró en mi oído.- Perdón que te despierte, pero no deja de vibrarte el celular.
-Abrí mis ojos y lo miré súper dormida.- ¿Qué hago acá?
-Rio.- Nos quedamos dormidos… Toma. –Dijo dándome el celular.-
- Es del laburo. –Dije sentándome.-
- Mmm… Depresión.
- ¿Depresión? ¿Tan mal estoy? –Pregunté riendo.-
- Tuviste un ataque de pánico.
-Reí.- Sos tremendo eh.
- Dale, responde che.

Reí y respondí la llamada, les prometí que le llevaba el certificado médico y me perdonaron el faltazo.

- Me llevas por el mal camino. –Dije riendo una vez que había cortado.-
-Rio y me besó.- Cualquier cosa con tal de que te quedes conmigo.
-Sonreí.- Dijimos que pasábamos el día juntos. ¿Qué hora es?
- Cuatro y media.
- Mmm… Dormimos bastante. ¿No?
- Sí. –Reímos.- Ya paró de llover.
- ¿Eso que quiere decir?
- No, no sé. Nada. –Reímos.-
- ¿Y qué vamos a hacer ahora?
- Besarnos me parece la mejor opción. –Dijo acercándose a mi boca.-


miércoles, 2 de septiembre de 2015

Ser uno mismo V.


Sus manos rodearon suavemente mi cintura mientras nuestros labios se saboreaban, sonreía internamente. Me sentía bien. Lo acerqué a mí tomándolo por el cuello y chocamos nuestras frentes, nos miramos y sonreímos.

- Sos muy linda, en serio te lo digo.
-Sonreí aún más.- Vos también sos muy lindo.

Y nuestras bocas volvieron a unirse, también nuestros cuerpos. Terminamos abrazados. Sentí que sus labios besaron mi cuello y cerré mis ojos, volvió a hacerlo y me sentí temblar.

- No tiembles. –Susurró.-
-Reí.- Es muy lindo lo que siento en este momento.
-Volvió a besar mi cuello.- Quedate acá entonces.
- Mmm… No pensaba irme.
- ¿No? –Preguntó y besó hasta mi hombro.-
- No.

Lo tomé por el mentón y lo obligué a volver a mis labios.

- Salvo que vos quieras que me vaya…
-Me abrazó con fuerza.- No, quedate por favor.
- ¿No tenes pacientes?
- Puedo cancelarlos… ¿Vos no trabajas?
- Falté y no avisé. –Me encogí de hombros.-
- Puedo hacerte algún certificado un poco trucho.
-Reí.- ¿Y la ética?
- Puedo romperla por vos.
-Sonreí.- Me parece que compro el plan eh.
- Entonces no se habla más. –Y me besó.- Voy a cancelar los pacientes ahora.
- ¿Seguro?
- Muy seguro.
-Sonreí.- Bueno, está bien.

Él me dio un beso y se dirigió a su escritorio. Yo apoyé mi espalda contra la pared, suspirando y tratando de caer en la realidad. Hice un rodete improvisado con mi pelo y lo miré sonriendo. Me devolvió la sonrisa y mordí mi labio, muerta de amor.

Porque así me tenía… Muerta, capaz que decirle amor es muy apresurado. Pero ante él no tenía reacción.

Cuando terminó, se sentó a mi lado y buscó mi mano.

- ¿Te animas a hablarme sin que seas mi paciente?
- ¿Y cómo tendría que hablarte?
- Como amigos.
- Yo no chapo con mis amigos. –Le dije riendo.-
-Rio.- Yo tampoco chapo con mis amigas. –Reímos y nos besamos.- Pero, podes hablarme como a un… ¿Hombre?
-Me encogí de hombros.- Sabes que me cuesta hablar.
- Me dijiste que yo te inspiro confianza.
- Pero sentado atrás mío.
- Me gusta mirarte a los ojos.
-Sonreí.- ¿De qué queres que te hable?
- De lo que te pasa.
- ¿Con?
- ¿En serio me preguntas eso?
- No, no vale. –Dije haciéndome la enojada.- Vos sos el hombre, tenes que empezar.
- Yo empiezo y vos seguís…
- Sí, dale.

Pedro se acomodó delante de mí y tomó mis manos. Lo miré un poco nerviosa, pero ya estaba allí. No iba a escapar.

- La verdad es que es raro, porque para nosotros es como una ley no involucrarnos sentimentalmente con los pacientes… Pero, te juro que con vos no lo pude evitar. –Sonreí.- Sos tan linda… -Acarició mis manos con sus dedos.- Y no hablo solo de tu físico, hablo de cómo sos. Me das mucha ternura, siento que te conozco más de lo que vos crees y sé que vos te conoces más de lo que crees también. –Hizo una pausa.- Me mata tu manera de ser, me gusta ver como de repente podes dejar de lado toda esa pantalla que te creaste para el afuera y ser vos misma, porque te aseguro que ser vos misma es la mejor versión que podes elegir. –Sonreí.- Me gustas, no puedo evitarlo. Y tampoco
quiero.

Hice una pausa, en la que no sabía muy bien qué decir.

- No sé qué responderte. –Dije riendo.-
- No es necesaria una respuesta, pero tenes que hablar.
-Suspiré.- Me gustas, me gustas mucho. –Dije sin anestesia.- Yo también intenté evitarlo, porque no me siento en condiciones de estar con alguien, no importa en carácter de qué, pero siento que todavía me faltan procesar varias cosas. –Me encogí de hombros.- Aún así, no pude evitarlo. Me inspiras confianza, protección… Me haces sentir bien. Me ayudaste mucho y eso sé que lo sabes. –Asintió.- Y no sé, pero sentirte cerca me hace bien.

Presioné sus manos e inhalé profundo, sin saber como seguir.

- ¿Podemos pasar el día juntos? –Preguntó.-
- Mmm… Si queres.
- ¿Vos no queres?
- Sí. –Sonreí.-
- Entonces… -Se levantó y me dio la mano.- Venga conmigo señorita.

Reí y me levanté, tomando su mano.

- Nos vamos.
- ¿A dónde? –Pregunté.-
- Mmm… A donde pinte.
-Reí.- Bueno, dale.

Buscamos nuestras cosas y salimos del lugar.

- ¿Caminamos o vamos en auto?
- Caminamos. –Respondí.- ¿Te va?
- Dale, me va.

Comenzamos a caminar, uno al lado del otro, sin decir nada y mirándonos cada tanto.

Cuando frenamos en una esquina para poder cruzar, me sorprendió y me tomó por la cintura para darme un beso. Sonreí y lo besé.

Cruzamos y paramos en una panadería, compramos facturas y café en un kiosko, para luego ir a una plaza y sentarnos en un banco. Desayunamos juntos y al sol, tiré todo en un tacho y volví a su lado.

- Me siento rara. –Le dije sentada en el banco, con mis piernas cruzadas y mirándolo.- ¿Está mal?
-Giró y también me miró.- No, no está mal. –Acarició mi mejilla.- Yo también me siento un poco raro, nos conocemos hace mucho y de otra manera.
- Por eso… -Suspiré.-
- Puedo darte muchos besos si eso te hace sentir mejor.
- A ver… Proba si queres.

Sonreímos y nos besamos, tratando de que aquel beso durara todo el tiempo del mundo.

Me separé un poco de él, porque necesitaba respirar y posé mis manos en su pecho.

- ¿Funciona? –Preguntó acariciando mis brazos.-
- Mmm… Sí y muy bien.

Reímos y volvimos a besarnos, había un poco de viento y mi pelo se volaba. Pedro se separó un poco de mí y acomodó mi pelo, yo besé su mano.

- ¿Queres que volvamos? –Me preguntó.-
- No, me quiero quedar acá y con vos. –Y lo abracé, rodeando su cuello con mis brazos. Sentí sus manos recorrer mi espalda hasta llegar a mi cintura, para también abrazarme.- ¿Se puede?
-Lo sentí sonreí.- Obvio que se puede.
- Es raro, pero cuando me abrazas me siento en paz.
- Es muy lindo lo que decís.
- Yo me siento bastante pelotuda. –Dije riendo.-
- No che… Es lindo sentir eso.
-Me separé un poco de él.- A veces ni sé que es lo que siento.
- Tenes que darte tiempo, a todo hay que darle tiempo.
- Eso dicen…
- Eso digo yo, te lo digo siempre. –Reímos.-
- Tenes razón.
- No apures las cosas, deja que pasen.
- Me cuesta, no puedo no pensar en el futuro.
- Pensa solo en el ahora…

Y me besó, presionando mi cuerpo con el suyo.

- ¿No crees que vale la pena?
-Sonreí.- Sí.

Hizo que me siente sobre sus piernas, sin dejar de besarme y terminamos abrazados otra vez.

Cerré mis ojos y me dejé empapar por lo que sentía, dejé que mi cuerpo y mi mente sintieran lo que quisieran. Quería quedarme así, durante un largo rato.

Sé que pasaron varios minutos…

-Besó mi mejilla.- No es que quiera separarme de vos, pero el viento se está poniendo fuerte y creo que se viene una tormenta.
- Mmm… -Lo abracé más fuerte.- Dijiste que íbamos a pasar el día juntos.
- Pensaba irme con vos eh.
-Me separé un poco de él.- Entonces puede ser.
-Sonrió.- Dale, vamos que encima vinimos caminando.
-Reí.- Es verdad.

Le dí un beso y me levanté. Él también lo hizo y volvimos juntos a su departamento, ya que él atendía en donde vivía. El consultorio estaba antes de su departamento.

- ¿Te animas a ir a otro lado que no sea el consultorio?
-Sonreí.- Sí…
- Entonces pasa…



martes, 1 de septiembre de 2015

Ser uno mismo IV.

Quería frenar el tiempo en ese momento, en sus labios, en esa sensación tan linda que me había tomado el cuerpo… Pero, no podía.

Me separé de él, muerta de vergüenza.

- Perdón, hice cualquiera. –Dije nerviosa.-

Me dí vuelta y quise irme, él estaba sin reacción. Cuando tuve la mano sobre el picaporte de la puerta, él puso su mano sobre la mía y me miró.

- No, no te vayas.
-Suspiré y no podía mirarlo.- Quiero irme.
- ¿Por qué?
- Porque acabo de hacer cualquier cosa.
- No te escapes de lo que te pasa.
- ¡Quiero irme!
- Mirame.
- No, no quiero. –Dije con lágrimas en los ojos.-
- No seas así.
- Me quiero ir Pedro.

Él no dijo nada más, pero me abrazó. Cerré mis ojos y dejé que algunas lágrimas cayeran de mis ojos. Sus manos acariciaron mi espalda y yo apoyé mi frente en su hombro.

- Esto es cualquier cosa. –Le dije.-
- No llores.
-Reí.- Perdón.
- No pasa nada.
- Quiero irme.
- No te escapes, no voy a hacerte nada malo. –Reí.- Trata de tranquilizarte.
- No puedo.
- No digas más nada.

Reí y dejé que me abrazara, durante un rato que sé que fue largo.

Me separé de él, ya sin llorar y sequé mis lágrimas.

- Quiero irme, de verdad.
- Bueno, está bien… Anda.
- Perdón, no sé porque lo hice.
- No tenes que pedir perdón.
- Pero…

Rasqué mi sien, confundida.

- Me voy.
- Está bien… -Besó mi mejilla sentidamente y yo cerré mis ojos.-

No pude decirle más nada, tan solo salí corriendo.

No podía creer que lo había hecho, que me había animado. No me reconocía.

Llegué a mi casa y me senté en el sillón, subí mis piernas al sillón y las abracé. Escondí mi cara en mis rodillas y suspiré.

Me daba cuenta que el abrazo de él era el que tanto estaba deseando.

Mi cabeza era un cortocircuito, no entendía nada. Solo sabía que ese beso me había vuelto loca. Ese beso me había hecho sentir algo que no recordaba haber sentido antes.
“Me muero de vergüenza. Perdón.”

Le envié por WhatsApp.

“No tenes que tener vergüenza ni que pedir perdón. Fue solo un beso.”

“¿Fue solo un beso?”

“¿Para vos fue más que eso?”

“No sé, no entiendo nada. Quiero desaparecer.”

“Desaparecer no va a solucionar nada.”

“Este cortocircuito en mi cabeza tampoco. No sé por qué te hablé.”

“Podemos dejar de hablar si es lo que preferís.”

“Ahora sí…”


Y no le dije más nada.

Suspiré y me dejé caer a un costado, quedando acostada y en posición fetal. Volví a abrazar mis piernas y cerré mis ojos, tratando de encontrar un poco de tranquilidad en mi mente. Fue imposible.

Me quedé dormida allí y me desperté cuando el sol del me daba en los ojos. Me senté en el sillón y refregué mis ojos reiteradas veces, se me partía la cabeza.

Me levanté para dirigirme al baño y miré la hora en mi celular, ya no llegaba a ir a trabajar e iba a faltar. Poco me importaba.

Me dí una ducha tibia, para terminar de tranquilizarme y me puse un short de jean y una remera negra bastante suelta. Ojotas con un poco de taco y un collar con un corazón. Me miré al espejo e intenté acomodar mi pelo, también me delineé.

No pensé demasiado en lo que estaba por hacer y salí de mi casa.

Rogaba que no estuviera con algún paciente, porque esperarlo me mataría. Toqué el timbre y lo esperé. Me temblaba el cuerpo, de pies a cabeza.

Abrió la puerta y levanté mi mirada.

- Hola. –Dije tratando de que la voz me salga.-
- Paula, hola. –Sonrió.- No sabía que venías.
- Yo tampoco sabía que venía… ¿Puedo pasar o estás con alguien?
- No, pasa.
- ¿Seguro?
- Sí Paula, dale.

Reí e ingresé al consultorio. Estaba nerviosa, no sabía muy bien qué hacer. Me senté en el diván, pero mirándolo. Él se sentó frente a mí y me sentía encerrada. Por mí y por él. Bajé mi mirada y froté mis manos.

- No sé muy bien por qué vine. –Dije riendo.-
- Mmm… ¿Queres decirme algo?
- Eso creo. –Respondí confundida.-
- Trata de salir del lugar de paciente, hablame como una persona a otra.
-Reí y lo miré.- Es muy raro esto.
- Deja que pase, no tengas miedo.
-Suspiré y mordí mi labio, cada vez más nerviosa.- No sé qué decirte. –Reí.- Cuando me abrazaste, me descolocaste.
- ¿Hice mal?
- No, no es eso. –Hice una pausa.- Me hizo sentir bien ese abrazo.
-Sonrió.- ¿Y entonces?
- Y entonces te besé. –Reí.- Me siento una nena de secundaria.

Hice una pausa bastante larga, tratando de poder formular alguna frase.

- Me das mucha confianza, me haces sentir bien. –Me encogí de hombros.- Te besé porque me atraes. –Dije con mis mejillas coloradas.- Y ya sé que después de esto no nos vamos a ver nunca más, pero no pude ocultarlo más tiempo y creo que poder decirlo es un avance muy grande para mí.
- ¿Por qué crees que no vamos a volver a vernos?
- Porque no podes tener vínculo sentimental con tus pacientes.
- A veces esa regla se rompe.
- ¿Por qué?
- Porque vos también me gustas Paula, creí que era muy obvio. ¿Nunca te diste cuenta?
-Reí.- No…
- Me gustó muchísimo abrazarte y que me beses.
-Sonreí.- A mí también.

Sonreímos, cual boludos y él tomó mi mano.

- Yo no quiero que dejemos de vernos.
- ¿Y en carácter de qué vamos a vernos? –Le pregunté extrañada.-
- En carácter de dos personas que se interesan.
- Hace mucho que no vivo estas situaciones.
- Animate… -Y corrió un mechón de pelo que caía sobre mi cara.- No tengas miedo, nunca te haría mal.
- Me doy miedo yo.
- ¿Por qué?
- Porque lo que sentí con ese beso fue demasiado fuerte.
- ¿Y eso es malo?
-Reí.- No, no sé…
- ¿Y entonces? No pienses en esas cosas.

Y no me dejó decir nada, porque me abrazó y yo sonreí. También lo abracé.

- ¿No te parece que cuando pasa algo así hay que disfrutarlo?
- ¿Y qué sería “algo así”?
- Con el tiempo nos vamos a dar cuenta.
- ¿Y si no dura mucho tiempo?
- Va a durar lo que tenga que durar.
-Suspiré.- Me siento una tarada.
- No, no digas eso. ¡Sos hermosa!
-Sonreí.- Gracias.

Se separó un poco de mí y rozó su nariz con la mía.

- Hermosa… -Susurró y ahora rozó nuestros labios.-

Cerré mis ojos con una sonrisa y dejé que esta vez sea él quien buscara mis labios con los suyos.


lunes, 31 de agosto de 2015

Ser uno mismo III.


- Se convirtió en una adicción… 

Y tapé mi cara con mis manos, no soportaba más.

- Pero me cansé.

Hice una pausa y suspiré.

- ¿Crees que lo notas recién ahora o que no querías darte cuenta?
- Un poco y un poco.
- ¿Cómo sería eso?
- Siento que lo entiendo recién ahora, pero porque antes no quería darme cuenta.
- ¿Y queres cambiarlo?
- Es lo que más necesito.
- Entonces deja de evadirte.
- Me lo decís como si fuese simple.
- Ya sé que no lo es, pero te lo digo para que al menos lo intentes.

Suspiré y quité las manos de mi cara.

- ¿Qué se supone que tengo que hacer ahora? ¿Renunciar a mi trabajo?
- No seas tan extremista.
- ¿Y entonces?
- Primero tenes que aprender a conocerte.
- Me conozco.
- ¿Segura?
- Sí.
- Describite…

Y en ese momento, me quedé sin palabras.

- ¿Segura que te conoces?
- No. –Dije confundida.-
- ¿Podes darme una característica tuya al menos?
- Responsable…
- ¿Qué más?
- Negadora. Sensible por dentro y fuerte por fuera.

Sequé mis lágrimas.

- ¿Nada más?
- Creo que soy una persona confiable. Soy pesimista siempre. Aburrida.
- ¿Aburrida?
- Sí, nunca logro divertirme ni divertir a los demás.
- ¿Hace cuánto no te reías a carcajadas?
- Demasiado, ni sé cuánto. –Suspiré.-
- ¿Y no hay algo más que puedas decir de vos? Aunque no sean características.
- Extraño mucho a mi abuela.
- ¿Y qué más?
- Quiero tener al lado alguien que me quiera y me cuide por lo que soy de verdad… Cuando no podía dejar de llorar, imaginaba que alguien venía a abrazarme y es obvio que no apareció nadie.
- ¿Hace mucho no te abrazan?
- Meses.

Me senté y crucé mis piernas, aún le daba la espalda.

- Hace mucho que no me siento querida.
- ¿Quiénes crees que te quieren de verdad?
- Mis viejos.
- ¿Y por qué con tus viejos no podes abrirte?
- No sé. –Me encogí de hombros.- Sé que les costó mucho todo y cuando era chica no quería molestarlos…
- ¿Y ahora?
- Me quedó esa costumbre.
- Tenes que deshacerte de todas esas costumbres. ¿No te parece?
- Ojala pudiera tirarlas en la papelera de reciclaje.
-Rio.- Nada es automático para los humanos.
- Lo sé, a veces deseo ser una computadora.
- Eso debe ser aburrido.

Reímos y en ese momento, me distendí al menos un poco.

- ¿Por dónde tengo que empezar? –Le pregunté.-
- Por conocerte a vos misma…
- ¿Para qué?
- Porque si no te conoces. ¿Cómo vas a pretender que el resto te conozca?
-Reí.- Tenes razón… ¿Y cómo hago para conocerme?
- No te silencies.
-Suspiré.- Eso va a ser complicado.
- Pero vas a poder Paula.
- Eso espero.
- Confia en vos misma.
- Siento que para lo único que sirvo es para trabajar.
- ¿Por qué no buscas otras cosas para hacer?
- ¿Otras cosas como qué?
- Algún curso de algo que te guste, hacer ejercicio, salir… ¿Haces algo además de trabajar?
- Venir acá.

Reímos.

- ¿Pero nada más?
- Ceno con mis viejos una vez a la semana.
- Tendrías que apoyarte un poco más en tus viejos.
- Me da miedo.
- ¿Por qué? ¡Son tus papás!
- No quiero cargarlos de cosas.
- Son las personas que más te aman en el mundo.
- Puede ser…
- Es, te lo aseguro.
- ¿Vos tenes hijos? –Le pregunté sorprendida.-
- No, pero atiendo a muchos padres y madres.
- Ah…
- Además, el que hace preguntas acá soy yo.

Reímos y sequé el resto de mis lágrimas.

- Siento que cuando salga de acá, no sé qué voy a hacer.
- Por lo pronto, lavarte la cara.
-Reí.- Bueno… Después de eso.
- Pensar.
- ¿En qué?
- En lo que te pasa. Seguir pensando…
- Siento que va a explotarme la cabeza.
- Tenes que entender que te cayeron todas las fichas de repente y eso trae sus consecuencias lógicas.
- ¿Y cómo tengo que reaccionar ante esas consecuencias?
- Mira…Yo puedo seguir respondiéndote todo lo que quieras, pero lo mejor es que lo intentes vos.
- Me aterra salir del camino seguro.
- Justamente por eso te lo digo.
-Suspiré.- Pensé que este día no iba a llegar nunca.
- ¿Día?
- El día en el que me cayera la ficha, como dijiste vos.
- Todo llega… Sobre todo en terapia.
- ¿Eso quiere decir que algún día voy a tener que dejar de venir?
- No, no sé. Eso es decisión tuya.
- Este es el único lugar donde me siento segura.
- Capaz, deberías buscar otro lugar en donde puedas sentir lo mismo.
- ¿Mi casa?
- Capaz el lugar sea una persona.
- Me gustaría sentirme segura en mí misma.
- Eso es lo ideal.
- ¿Cuesta mucho llegar al ideal, no?
- Cuesta porque es imposible. No podemos ser perfectos, aunque nos esforcemos toda la vida.
- En eso coincido.
- Entonces no busques el ideal… Busca el lugar de seguridad hasta el que puedas llegar.

 Me quedé pensando unos segundos…

- Creo que me voy.
- ¿Ya estás más tranquila?
- No, no sé si eso.
- ¿Y qué es?
- Que te caí en cualquier momento, no quiero seguir molestando.
- No molestas.
- Eso debes decirle a todos tus pacientes y si debemos molestarte.
-Rio.- Me gusta mi trabajo.
- Pero tenes derecho a tener una vida como todos.
- Mis pacientes también.
- ¿Qué tiene que ver eso?
- Mis pacientes no pueden tener una vida como todos, porque por lo general, algo les pasa… Algo chiquito o grande, no importa. Pero, si vienen acá es porque necesitan solucionarlo para poder vivir mejor.
-Sonreí.- Qué lindo lo que decís.
- Es lo que siento.

Lo miré y nos sonreímos.

- Igual me voy. –Dije.-
- ¿Segura?
- Sí.
- Bueno, como prefieras.

Me levanté y sin quererlo, me largué a llorar aún más. Él me abrazó y me sorprendió, pero a la vez me dejé abrazar.

- Mereces que alguien te abrace. –Dijo sigiloso y yo me dejé proteger en sus brazos.-

Él me daba toda la confianza del universo.

Casi por impulso, me separé un poco de él y uní mis labios a los suyos sin que me importara nada más.

Hacia mucho tiempo que deseaba con hacerlo y era la oportunidad.

Mis labios capturaron suavemente los suyos y cerré mis ojos, bailando un lento en su boca
.

domingo, 30 de agosto de 2015

Ser uno mismo II.



Me subí al auto y dejé la cartera a un lado, suspiré y dejé caer mi cabeza hacia atrás, hasta que chocó contra la cabecera del asiento. Cerré mis ojos y me largué a llorar.

No quería darme cuenta, no quería notarlo. Quería seguir mintiéndome.

Después de un rato, no sé cuánto, sentí que golpearon mi ventanilla. Era Pedro, presioné el botoncito y la bajé.

- ¿Estás bien Paula?
-Reí.- Como puedo.
- Estás llorando…
- Ya sé. –Sequé mis lágrimas.- ¿No me dijiste que llore? –Dije riendo.-
-También rio.- Sí… Pero saliste hace casi una hora del consultorio.
- ¿Tanto tiempo estuve acá?
- Así parece. ¿Queres que hablemos un rato más?
- No, prefiero irme a mi casa.
- ¿Segura?
- Sí.
- Cualquier cosa podes llamarme.
-Sonreí.- Bueno, dale.
- Que no te dé vergüenza eh.
-Reí, me conocía.- Gracias…
- Nada que agradecer.

Pedro se alejó un poco de mi auto y yo arranqué. Me saludó con la mano y reí, le devolví el saludo y volví a mi casa.

Cuando llegué, no me importaba nada más que no sea tirarme en la cama hasta que la alarma me despertara para irme a trabajar. No había cenado y era temprano, eso tampoco me importaba.

Enchufé el celular y lo dejé en la mesita de luz, me quité la ropa porque estaba incómoda y me metí en la cama con un camisón.

Cerré mis ojos e intenté aflojar mi cuerpo, pero claro que no podía. Vivía tensionada.

Busqué concentrarme en lo que había hablado ese día con Pedro y no pude evitar llorar. Me dolía no poder mostrarme tal cual soy, pero lo que más me dolía era que no entendía por qué no podía hacerlo.

¿Por qué con él sí y con el resto no?

Ni mis viejos me conocían de verdad, y no es que no confíe en ellos, pero no puedo. No me sale. Evito el hecho de que me conozcan.

Giré, quedando de costado y acomodé las mantas. Cerré mis ojos otra vez e intenté relajarme.

Imaginaba que algún hombre se acostaba detrás de mí y me abrazaba fuerte, pero siendo tierno a la vez. Imaginaba que existía algún hombre capaz de amarme y protegerme… Pero claro que solo lo imaginaba.

Me quedé dormida.

El celular sonó seis y media de la mañana y lo apagué rápidamente, me costó levantarme, pero no me quedó otra que hacerlo.

Me bañé y me puse mi traje de secretaria ejecutiva… ¡El cual detestaba! Nada tenía que ver conmigo, pero era mi trabajo.

Me esperaba un día de locos.

Cuando salía de la empresa me había dado cuenta de algo: trabajar me aislaba por completo de todo, me impedía pensar. Y yo me pasaba la vida trabajando.

Volví a mi casa lo más rápido que pude y frente al espejo me quité ese maldito traje, me quité la pollera, la camisa, el rodete y el maquillaje. Me puse un pantalón de jean y una remera holgada, con mi pelo suelto y desprolijo. Me vestí cómoda, tratando de reconocerme en el espejo… Pero eso me costaba.

Comí algo, solo por obligación y la cama volvió a ser mi lugar aquella tarde.

Sin poder evitarlo (y sin quererlo tampoco), estaba llorando tratando de que en cada una de esas lágrimas escapara de mi cuerpo toda la angustia que sentía.

Miré el reloj y había pasado más de una hora. ¿Yo? Seguía llorando.

Busqué mi celular sin pensarlo demasiado y busqué el número de Pedro.

- Hola Paula.
- Hola. –Dije tratando de que se entendiera algo de lo que estaba diciendo.-
- ¿Qué pasa? ¿Estás llorando?
- Sí.
- ¿Pasó algo?
- No sé, no entiendo nada.
- Trata de tranquilizarte porque así no te entiendo nada.
- Yo tampoco me entiendo.
- ¿Queres que nos veamos?
- Si no es molestia.
- Sino, no te lo estaría ofreciendo.
- ¿Seguro?
- Seguro. ¿Queres venir?
- En cuanto pueda subirme al auto, voy.
- ¿Por qué no venís en bondi o remisse?
- ¿Por?
- Estás llorando demasiado, no es bueno que manejes así.
-Suspiré.- Puede ser.
- Dale, te espero.
- Gracias.

Finalmente, intenté ir en remisse pero había demora, asique opté por esperar el bondi que por suerte vino bastante rápido. Mis lentes oscuros escondían mis ojos hinchados de tanto llorar.

Me acosté en el diván y no sabía por dónde empezar.

- Te dejo que hables… -Me dijo Pedro.-
- Pero no sé qué decir.
- Sí que sabes… Solo tenes que poder ponerlo en palabras.
- Eso es lo que me cuesta.
- Lo sé, por eso tenes que intentarlo.

Suspiré y uní mis manos sobre mi panza.

- Hace horas que no puedo dejar de llorar.
- ¿Por qué?
- Llegué de trabajar, me miré al espejo y no me reconocí. Vi algo horrible.
- ¿Pero qué viste?
- Algo que no soy… Eso que le muestro a los demás. Me saqué esa ropa, ese peinado y ese maquillaje con bronca. –Hice una pausa.- Y me vestí así, como estoy ahora.
- ¿Y eso te hizo sentir mejor?
- No lo sé.
- ¿Y por qué lo hiciste?
- Para ver si podía reconocerme.
- ¿Y pudiste?
- Eso creo… Yo considero conocerme un poco, un poco bastante. Lo que me cuesta es que los otros me conozcan, entonces empiezo a esconderme y a veces me confundo.
- ¿Qué confundís?
- Lo que soy con lo que no soy.

Pedro no dijo más nada y me ofreció un vaso de agua.

- Está bien llorar, pero tampoco tanto. –Me dijo riendo y me contagió la risa.-
- Gracias. –Agarré el vaso y tomé un poco.- Hacia años que no lloraba así.
- ¿Te acordas cuándo fue la última vez que lloraste así?
 - Cuando falleció mi abuela… No sé si alguna vez te hablé de ella.
- Mmm… Creo que no. ¿Queres contarme? –Dijo volviendo a su silla.-
- Bueno…
-Tomé otro poco de agua y dejé el vaso a un lado.

- Mi abuela, Carmen… Falleció cuando yo tenía 18, unos días después de que terminé el secundario.

Hice una pausa, hablar de ella aún me dolía.

- Mi abuela fue quien me crió, obvio que junto a mis viejos, pero como ellos trabajan todo el día, era mi abuela quien me cuidaba todas las tardes de mi infancia y hasta que tuve 15, después de eso comencé a estar un poco más sola.
- ¿Qué fue para vos tu abuela?
- Todo. –Suspiré.- Era quien más me aconsejaba, me cuidaba… Considero que ella si me conocía de verdad.
- ¿Y no crees que capaz empezaste a esconderte después de que falleció?
- No, es desde antes.
- ¿Y no podes encontrarle un por qué?
- Hoy me acordé de algo.
- ¿Puedo saber de qué?
- Mmm…

Volví a tomar agua e inhalé profundo.

- Una vez, tuve una charla con una profesora de la escuela, porque me costaba integrarme, no era que me llevaba mal o me trataran mal, pero me costaba relacionarme con los demás… Quizás estaba, pero callada. Sin decir nada, estando pero sin estar.
- ¿Y qué te dijo esa profesora?
- Que capaz tenía que cambiar para caerles bien…
- ¿Eso te dijo?
- Sí, yo tenía 12 años y le creí. Creí que esa era la solución.
- ¿Y a partir de eso empezaste a esconderte?
- Eso creo… Primero era un mecanismo de defensa ante el mundo que sentía complicado, pero con el tiempo se hizo una costumbre.

Y yo ya estaba estallada en lágrimas.